Piel a Piel (Ficción PRIDE 2018)

Por Vivian Halliwell

Escribo el mensaje y dudo si deba enviarlo. Presiono el botón y aguardo. No sé si esto que hago es correcto, no sé porque lo hago, solo sé que quiero verlo y abrazarlo.

Me responde: Ya salgo.

Propio, formal e impecable como siempre sale a recibirme, me estrecha la mano y me acerca a su cuerpo para abrazarme. Su aroma es delicioso. Me dirige una sonrisa una vez que se aparta. Me deja abrumado.

-Por favor, entra- me dice.

Caminamos por un pasillo corto cercado por arbustos y entramos a un comedor rústico y exquisitamente decorado. La larga mesa de madera, los estantes perfectamente acomodados, las paredes de un brillante color turquesa y del techo cuelgan unas esferas que proporcionan la luz.

-Que hermoso- digo en voz baja.

-Gracias, lo decoré yo mismo-

-No sabía que también hacías diseño de interiores-

-Hago de todo un poco, uno tiene que ganarse la vida- me responde.

Me acerco a él y le doy un beso. El contacto de sus labios con los míos me electrifica. Me toma de la cintura y reduce más el espacio entre los dos. Un ladrido interrumpe el momento.

-Lo olvidé, te quiero presentar a mis perros- me dice señalando la puerta detrás de él. Se acerca a ella y la abre. Entra uno – Ella es Cami-

-Es hermosa- y de verdad lo es -¿Qué raza me dijiste que eran?-

-Pastor australiano- me contesta acariciando a Cami – Acércate para que se conozcan-

Me acerco lentamente a ellos y estiro mi mano una vez que estoy suficientemente cerca. Para mi sorpresa Cami es bastante sociable y acepta que la toque. Unos segundos después él la suelta y ella se acerca a donde estoy y se acuesta para que continúe acariciándola.

-¿Quieres algo de beber?- me ofrece.

-Agua está bien, hace mucho calor afuera- respondo sin despegar mi vista de Cami.

-Con tanto calor no deberías traer una camisa tan caliente- me dice desde la cocina.

-¿Qué te hace pensar que es caliente?-

-El material es muy grueso-

-Es mi camisa favorita- respondo.

-Te puedo prestar una más ligera en lo que estás aquí- me propone.

-No es necesario, gracias-

-Es hora de que Cami vuelva a su lugar- la toma en sus brazos y la lleva al patio.

-¿Qué estabas haciendo?- lo interrogo.

-Trabajando en un proyecto que entrego mañana-

-¿No te interrumpo?-

-Tú nunca- se acerca a mí y me besa- Vamos al cuarto-.

Estamos abrazados en la cama. Admiro su pecho y brazos fuertes y él acaricia mi pelo. Nos dejamos llevar. Perdimos el control y fuimos uno.

-Sentirte piel a piel es algo maravilloso- dice mientras desliza su mano por mi hombro.

-Besarte es algo maravilloso- me acerco y lo beso.

-¿Tus papás saben dónde estás?-

-Me matan si se enteran- y es cierto.

-¿Qué les dijiste?- parece sorprendido.

-Qué saldría con amigos-

-¿Lo haces muy seguido?-

-¿Salir con amigos?-

-No, mentirles-

-No, casi nunca les miento- sólo cuando lo considero muy necesario.

-¿Saben que eres gay?- me sigue acariciando mientras habla.

-No, no les he querido decir-

-¿Son muy conservadores?-

-Sí, prefiero no meterme en problemas-

-Bastante prudente de tu parte- guarda silencio.

-¿Tus papás saben?-

-Mi papá-

-¿Qué te dijo?-

-Que me aceptaba y me pidió que me cuidara-

-¿Y a tu mamá por qué no le has dicho?-

-Falleció cuando tenía 18 años-

-¡Oh! Lo siento- siento como me sonroja mi imprudencia.

-No te preocupes, fue mucho tiempo atrás-

-¿Cómo te sientes?-

-Bien, tenía problemas del corazón, cuando la recuerdo la visualizo enferma-

-¿Qué clase de problemas?-

-Desde pequeña tuvo algo, no sé exactamente qué. Ella nació en un pueblo donde el acceso a los servicios básicos era escaso y, por supuesto, el acceso a la salud era inexistente. Cuando crece se muda a la ciudad con mi papá y nos tienen a mis hermanos y a mí. Durante sus embarazos se dieron cuenta de que tenía esto en el corazón pero no pudieron hacer mucho. Vivió para verme convertir en adulto- mientras cuenta la historia lo observo directo a los ojos y detecto una chispa de dolor.

-Lamento haber preguntado- me siento muy apenado.

-No lo sientas, es bueno hablar de estas cosas- me dirige una sonrisa.

-¿Te llevas bien con tus hermanos?-

-Con mi hermana sí, con mi hermano casi no hablo- hace una pausa- Tal vez sea momento que te diga algo- se queda callado como buscando las palabras adecuadas- me voy a ir a Canadá con mi hermana un mes-

-¿Cuándo?- la noticia me cayó como balde con agua fría.

-En una semana- se aparta de mí cuando habla- temía decírtelo.-

-Gracias por decirme- me acerco por su espalda y lo enredo en mis brazos.

-¿Quieres algo de comer?- cambia el tema.

-Claro-

La comida es deliciosa. La tarde comienza a oscurecer. La tenue luz le da al comedor un toque mágico.

-¿Así que también cocinas?- le digo.

-Ya te dije, hago de todo un poco-

-¿Por qué decidiste estudiar publicidad?- decido hacer la pregunta que se me viene a la mente.

-Inicialmente estudié comunicación- me contesta entre bocados- pero no me gustó mucho así que me salí y empecé a estudiar publicidad-

-¿Eso te gustó más?-

-Creo que siempre fue lo que quise- continua comiendo -¿Tú por qué estudiaste medicina?-

-No me veía haciendo otra cosa-

-Esa es una razón muy mala- ríe.

-Lo sé- medito un momento mi respuesta- Creo que la respuesta que muchas personas dan es que quieren ayudar a las personas. Una idea de ser un superhéroe tal vez.-

-¿Quieres salvar a todos?-

-No, no se puede salvar a todos-

-¿Entonces qué es lo que te mantiene ahí?-

-Me gusta entender el cuerpo, la enfermedad, sus posibles resultados y cómo tratarla, pero sobre todo, me gusta entender a las personas.-

-Eso es bastante lindo-

Los perros comienzan a ladrar en el patio, se puede escuchar como corren de un lado a otro.

-¿Llegó alguien?- me estresa pensarlo.

-Tal vez en la casa de a lado-

-¿Quién vive en la casa de a lado?-

-Mis suegros- lo menciona despreocupado.

Había olvidado ese detalle.

-Vamos, métete a bañar conmigo- me pide.

Puedo escuchar el agua cayendo en la bañera y el vapor empieza a escapar. Me quito la ropa interior y entro.

-Qué bueno que aceptas- me da un beso en la frente.

-¿Estás seguro que nadie va a llegar?- externo mi preocupación.

-No, tranquilo, tal vez más al rato-

El silencio nos invade por un momento. Me comienzo a bañar.

-¿Cuánto llevas con él?- Necesito saber eso.

-Siete años-

-¿Y desde hace cuánto tienen una relación abierta?-

-Dos años-

-¿Alguna vez te ha visto con alguien más?-

-No-

-¿Lo has visto con alguien más?-

-Sí- sus respuestas son rápidas.

-¿Lo amas mucho?-

-Sí, pero no significa que no te pueda querer a ti- veo en sus ojos sinceridad al decir estas palabras – quiero dejar en claro que no lo voy a dejar-

-Está bien, me lo has dicho antes-

-Yo ya no voy a conocer a alguien, pero tú sí-

-Sí, en algún momento- me duele un poco pensarlo.

-¿Qué va a pasar cuando conozcas a alguien?-

-Te lo diré-

-¿Te alejarás?-

-Un poco. Podríamos ser amigos-

-¿Crees que podamos?-

-No lo sé, espero que sí- de verdad espero que sí.

-Yo también-

-Estás perfecto para una foto en ese lugar- me dice mirándome.

-Debería irme de una vez-

-Déjame tomarte una foto-

-Está bien, sólo una-

Va al cuarto y regresa con su cámara. La enfoca, apunta y dispara. Una foto.

-Es maravillosa- dice mientras la observa.

-Ya debería irme-

-Está bien, te acompaño-

-¿Te veré antes de que te vayas?- le pregunto mientras termina de vestirse.

-Claro, nos vemos en la semana-

-Nos ponemos de acuerdo por mensaje-

-Me parece perfecto- termina de ponerse los pantalones, se acerca a mí y me besa delicadamente –te voy a extrañar-

-Y yo a ti- lo haré.

-Gracias por esta tarde maravillosa-

-Gracias por invitarme- le acaricio el pelo.

Nos dirigimos a la entrada principal de la casa tomados de la mano. Afuera ya está oscuro.

-Me avisas cuando llegues a casa- me hace prometer.

-Lo haré- me despido de él con un abrazo.

Mientras me alejo caminando volteo y él sigue observándome, me dirige una sonrisa y me manda un beso. La noche ha terminado.

Emociones (Poema)

Hoy te voy a regalar, hijo mío

tu destino es estar con otra persona

hazla feliz como a mí

 

Tus hermanos y hermanas

se quedarán aquí conmigo

pero llegará el día de su partir

 

Soy tu madre primavera

te arreglarán como una estrella

en un florero te pondrán

y con otros de tus hermanos

te encontrarás

 

Te darán al enfermo o al enamorado

a la más bella o al graduado

te admirarán por tu belleza

por tu amor y tu simpleza

 

Cumpliste tu misión en esta vida

algún día regresarás

convertido en otra flor más

con muchos colores y aroma al respirar.

 

Poema escrito en el 2009 para la asignatura de Comunicación y Cultura II en la Universidad La Salle Victoria.

A la vuelta de la esquina hay un hombre que no te olvida (ficción)

El Humo – Diciembre, 2015

Le seguí los pasos hasta la puerta de cristal, la cual abrió para sumergirse en la oscura y fría noche. Se recargó en la pared, sacó una cajetilla de cigarros del bolsillo trasero de su pantalón y tomó uno. Me miró a los ojos tratando de descifrar alguna señal de desaprobación. Sabía que yo no fumaba, pero quizás esperaba que en algún momento tuviéramos eso en común y compartiéramos el mismo vicio.

Comencé a tener mucho frío y él empezó a notarlo, se quitó la sudadera morada y la colocó sobre mí. Ésta tenía un aroma peculiar y agradable, una mezcla entre tabaco, suavizante para ropa y su olor corporal. Quizás lo único bueno que le dejaba el fumar era ese olor. Miró a la nada por un instante, mientras yo veía como salía de entre sus labios el humo que lo envenenaba por dentro. El hombre de las pocas palabras terminó su cigarro y lo aventó al suelo. Cada vez me intrigaba más a qué podía saber su boca.

El Frío – Febrero, 2016

El punto de encuentro fue el lugar en el que nos habíamos conocido algunos meses atrás.  Me senté esperando a que llegara y quince minutos después apareció. Su rostro era diferente en esta ocasión, se veía cansado. Lo abracé durante escasos segundos y toqué su cabeza, la cual estaba rapada porque tenía unas grandes entradas en el pelo. Compramos los boletos para ver una película coreana y esperamos sentados mientras terminaba la otra función.

Recargué mi cabeza en su hombro y lo tomé de la mano, algo andaba mal, su temperatura no era la misma. Durante la película estaba inquieto, comenzaba con mayor malestar. Más tarde, mientras tomábamos un té, me dijo que se sentía enfermo y que al parecer tenía fiebre. Como su molestia era muy grande decidimos irnos y al despedirnos no quiso que lo abrazara para no contagiarme, ni siquiera estrechamos las manos. Me despedí solo con palabras y él hizo lo mismo. Nos fuimos en diferentes direcciones, sin saber que así iba a continuar por el resto de nuestras vidas y que jamás nos volveríamos a ver.

Volteé a verlo con una extraña sensación mientras desaparecía entre la multitud hasta que se perdió por completo.

El Recuerdo – Abril, 2017

Isabel y Gonzalo se mostraban muy eufóricos al ir ganando el juego de cartas contra María y Daniel, mientras me ponía mi chamarra de mezclilla para encontrarme en el bar con Frida y Natalia, mis amigas de la universidad. Me despedí de ellos con la promesa de volver para una partida de UNO y salí a toda prisa para llegar a tiempo. Natalia ya se encontraba en el bar con su novio y Frida ya iba en camino en un Uber. Abrí google maps para que me marcara la ruta a pie y señaló que eran 5 cuadras. En el camino me encontré con varios grupitos de adolescentes borrachos y algunos hipsters en bicicleta.

Aceleré el paso y logré llegar al mismo tiempo que Frida. Entramos juntos y vimos a Natalia, quien se encontraba de visita en la ciudad. Platicamos de nuestras aventuras, de lo que había pasado después de graduarnos, de qué hacíamos de nuestras vidas. Por un instante volteé a mirar el televisor que se encontraba a mi derecha transmitiendo un partido de fútbol y acto seguido miré hacia la calle. Él iba pasando por ahí, con su celular en la mano y sus audífonos puestos. Había ocasiones en que me acordaba de él, por los lugares a los que habíamos ido y los que prometimos visitar algún día.

Si hubiera sido una película romántica, en ese momento me hubiera levantado de la silla y habría salido corriendo a la calle para alcanzarlo y abrazarlo, pero no fue así. Dejé que desapareciera como la última vez y que se llevara el recuerdo que había llegado a mi mente.

El Viento – Marzo, 2018

Tiempo después el hombre que había estado esperando por mucho tiempo regresó con el viento. Aquella noche de febrero se había ido con él, en el abrazo no dado y en el amor no correspondido. Me miró a los ojos, me sonrío y puso su mano sobre mi pecho a la altura del corazón. Sentí el calor que emanaba y mis latidos mucho más fuertes que de costumbre. Tenía algo diferente, le seguían gustando las mismas cosas pero se mostraba más feliz. Me acerqué a su rostro y lo abracé. El hombre que no había olvidado estaba aquí, regresando a vivir dentro de mí y listo para volver a amar.

El humo es pasado. El futuro es viento. Solo vive el Momento.

El último refugio (ficción)

Le faltaba el aire. Estaba teniendo otro episodio. Caminaba de un lado a otro en la habitación, sin concentrarse en nada realmente. Sentía esa opresión en el pecho y le faltaba el aire.

En la cocina, abrió el refrigerador y eligió un vasito de yogur, pero al desprender la tapita se dio cuenta que no tenía ganas de eso. Torpemente lo tapó de nuevo y lo dejó ahí.

Necesitaba salir a la noche. No supo por qué mintió a sus amigos sobre ir a una clase que no existía. Ni tampoco sabía que esperaba encontrar en esa inmensa y fría ciudad que apenas conocía. No tenía un plan. Solo quería caminar, sentir la brisa fría y la llovizna en la cara.

Excesivamente imprudente respecto a los peligros que todo mundo le advirtió, caminó por las calles oscuras y mojadas. Le parecía que el mundo se transformaba de noche. Establecimientos que ni siquiera había notado de día, ahora eran los que destacaban.

¿Qué estaba haciendo en esa parte del mundo? Se sintió muy pequeño, pero a la vez vivo; y por primera vez sintió algo de paz esa noche.

Se topó con un viejo que rebuscaba en la basura y decidió cambiar de calle por que le dio un poco de miedo. Un grupo de amigos evidentemente ebrios salía de un club y reían de otro que vomitaba en la esquina. Nuevamente cambió de calle. Así llegó al parque. Se sentó en una banca húmeda, pero no le importó. Frotó sus manos para calentarse un poco.

Entonces vió el letrero que anunciaba The Iron Lady. Al parecer ese bello y viejo edificio frente a él era un cine. Claro, incluso tenía taquilla. Tenía toda la pinta de ser obra de algunos «hipsters emprendedores». Compró un boleto para la única función.

El taquillero le señaló dos cortinas rojas al final del pequeñísimo recibidor. Al cruzarlas se encontró inmediatamente en la sala. Butacas rojas, un pasillo central y al fondo la pantalla. El techo era increíblemente alto y tenía algunas goteras, pero era asombroso. Disfrutó ver a Meryl Streep interpretar a Margaret Thatcher.

Sería la primera de muchas veces que regresaría a ese lugar.

Cumpleaños (Ficción)

Lo despertó la luz del sol que traspasaba con facilidad las delgadas cortinas blancas y el frío. Un rayo le pegaba de lleno en la cara, seguramente ya pasaba de mediodía y lo peor era que aún estaba bastante borracho. Rodó de un lado para el otro y se envolvió en la manta que justo el día anterior había comprado, pero no era suficiente para mantenerlo caliente y no pudo encontrar tampoco algún punto cómodo. Comenzó a sentir insoportable la ropa de fiesta que aún llevaba puesta, el pantalón le apretaba, el cuello de la camisa lo asfixiaba y los zapatos lo lastimaban. Al parecer nadie más se había despertado todavía, ¿eso era pastel de chocolate en el techo? Una rebanada del pastel de chocolate amargo de la noche anterior estaba peligrosamente pegada al techo sobre su cabeza, la ignoró. ¿Debería dormir un poco más aprovechando que nadie parecía haberse despertado o se levantaba a orinar? Sabía que si se levantaba difícilmente volvería a conciliar el sueño, así era él. Antes de que pudiera decidir algo recibió un pastelazo de chocolate en la cara, ¡maldita sea! con una mano lo quitó de sus ojos, todavía estaba bueno y al probarlo descubrió que moría de hambre y sed. Deseó que el pastelazo no fuera un augurio de cómo sería su vida ahora con treinta años, se limpió el resto de chocolate en las sabanas blancas y caminó al baño, por suerte se había quedado dormido en la única habitación con baño propio.

Orinó con una mano sobre la pared (porque todo se movía en su cabeza) no muy seguro de haber atinado completamente, pero se lavó las manos. En el espejo había un beso ¿Quién lo habría dejado? Esa ni siquiera era su habitación, de hecho ni su casa (por cierto la fiesta de la noche anterior tampoco era para él). Qué raro. Sin embargo, ese día sí que era su cumpleaños, estaba seguro que el beso era para él.

Esta ficción es la versión extendida 2 de ésta.

Sueño de invierno

Le parecía bellísima: la navidad realmente le sentaba bien. Llevaba uno de los espantosos suéters de colores rojo, verde y blanco que la abuela cocía para los nietos cada año, aunque él sabía que ella los amaba. Tenía el cabello recogido en una media coleta sujeta con un listón rojo y el fleco le caía suavemente en la frente.

La mesa estaba esplendida y la comida deliciosa. Todos se habían puesto elegantes para cenar, pero nadie brillaba como ella, que en ese momento reía mientras Rickard le pasaba el puré de papas.

¿Qué clase de nombre era ese? Había escuchado Richard, pero Rickard nunca. Le sonaba como a nombre de príncipe europeo y eso le chocaba todavía más. No era difícil imaginar las razones por las que lo había elegido a él. Era atractivo, educado, al parecer había viajado por más de medio mundo, tenía acento inglés y manejaba el protocolo de los cubiertos con tanta naturalidad como respirar.

Pensándolo bien el suéter no era espantoso, tenía como una onda retro cool, o tal vez era el poder que ella ejercía sobre él, y no se refería al suéter.

Esta cena continuará… y terminará a golpes.

EL ASESINO DEL BOSQUE

El día que me encontré con el asesino fue un día particularmente normal, hasta que una serie de eventos desafortunados me llevó a estar cara a cara con la bestia.

Mis compañeros de oficina organizaban la salida semanal a algún bar cercano, un ritual que llevaban a cabo cada semana y era mejor cuando pagaban, como hoy. Este viernes se volvería, como muchos otros, en un pequeño festival lleno de alcohol y amores de una noche. Sabía que muchos de ellos trabajarían al día siguiente, pero preferían aventurarse y llegar con una cruda que duraría hasta pasado el medio día que perder una noche de viernes en su casa.

El primer cambio que noté ese día fue mi inesperada ansiedad por querer participar. Llevaba apenas un mes trabajando para la empresa y hasta ese momento me había mantenido distanciado de mis compañeros, además no había recibido una invitación formal.  Mi inexistente habilidad para socializar me mantenía como espectador, viviendo la vida a través de las vidas de los demás.

Fue Isabel.

Mientras los demás continuaban con su plática ella se acercó a mí. Ella sería la culpable de los hechos siguientes. Mientras bailaba en mi dirección con ese caminar grácil miré sus ojos, sus labios y bajé la mirada a sus senos. Recuperé la cordura cuando estuvo tan cerca que continuar viendo su pecho parecía obvio.

-No aceptaré un no como respuesta- dijo con fuerza hipnótica después de la breve charla que sostuvimos en donde me invitaba a acompañarla al bar.

No tuve opción.

Tan pronto dieron las 3, abandoné el trabajo junto con el resto sin saber que nunca más volvería a ver ese lugar, sin saber que me deparaba un destino fatal.

El bar escogido era pequeño, escandaloso y caluroso.  El mesero que nos atendió parecía que conocía a la perfección al grupo, saludó a cada uno por su nombre y preguntó por el nuevo integrante, yo.

-Lucas, llegó hace un mes a trabajar con nosotros- respondió Samuel, un hombre de 30 años que velaba por los intereses de todos lo integrantes del grupo como un padre que vela por la familia. Ellos eran su familia.

-Bienvenido- respondió el mesero – ¿me permites ver tu identificación?-

Todos rieron, incluso yo.

-No creerás que es menor de edad ¿o sí?-  respondió Mariel, la esposa de Samuel.

-Tengo 24- respondí.

-Esta bien, les creo- dijo el mesero dejando evidente que no nos creía.

Mientras la tarde se convertía en noche podía sentir como la deshidratación se hacía presente en parte por el agobiante calor y por los litros de cerveza que había consumido. La situación comenzó a salirse de control. El alcohol sonrojaba las mejillas y desinhibía a los comensales.  Después de tres horas se inauguró el karaoke y nada lo acompaña mejor que el tequila. Uno tras otro fueron cantando y tomando cada vez más.

Alcohol.

Música.

La falta de melodía de algunos.

Sus labios

sobre los míos su pelo en mi rostro y recuerdo su risa como una melodía mejor que las que obstinadamente repetían pues parece que el repertorio era escaso y no podía ver más lejos que los ojos verdes que tenia frente a mí los ojos de la mujer que me llevó ahí y que me pidió que le quitara la ropa hasta quedar desnuda sobre mi moviendo su cadera sobre la mía en el pequeño cuarto que encontramos vacío en la casa que no nos pertenecía a donde nos había llevado cuando la estancia en el bar se había tornado aburrida porque siempre se aburren de estar ahí pero no de repetir la misma rutina todas las semanas porque creen que así rompen la monotonía de su gris realidad y fue ahí cuando lo vi por primera vez entrando con el cuchillo en alto hundiéndolo en el cuerpo de la mujer rubia cubriendo con su mano sus labios rojos para que no gritara y alertara a los demás y yo sólo corrí como cobarde pues no podía ver como se escapaba la vida de la  mujer que amaba corrí y corrí y salí por la puerta principal y no sé si alguien me vio y que habrían hecho de verme y como es que nadie vio que un asesino había entrado a su casa para tomar la vida de una persona y ahora me perseguía podía sentir como venía por mi cuando salí del lugar salió justo detrás de mi y nadie lo detuvo porque les dio miedo o nadie se imaginó lo que pasaba corrí al bosque cerca del lugar donde Isabel moría me metí hasta que sentí que lo había perdido y caminé mucho tiempo por el lugar hasta que encontré un par de muchachos que fumaban escondidos en un árbol y les pedí que me compartieran y se burlaron de que estaba desnudo pero no me importo porque me sentía a salvo ahí con ellos y comenzaron a besarse y uno me empezó a tocar y me beso y lo besé y lo comencé a tocar porque él quería que lo hiciera y sentí su miembro caliente en mi mano y su mano fría en mi miembro que no dejaba de pensar en Isabel y la sangre que derramo y sus ojos llenos de miedo y su vida alejándose  y sentí el calor del liquido blanco del otro hombre en mi mano y seguía besándome pero yo ya no quería porque sabía que no podía hacer lo que el y el cigarro que el otro fumaba mientras nos veía se había consumido y sacó otro de su bolsa y me dio a fumar porque sabía que lo necesitaba para relajarme y esta vez fue su turno de tocarme y de hacer que lo tocara y estaba  más grande que el anterior y otra vez vino a mi mente los pechos grandes de Isabel que bailaban cuando se movía encima de mi  haciendo ruido que intentaba ser bajo pero que era muy fuerte aunque le pedí que callara no me hizo caso  porque ella siempre hacía lo que quería y el hombre introdujo mi miembro en su boca como lo había hecho Isabel antes pero sus labios no eran suaves como los de ella y ella jugaba porque sabía como hacerlo porque le gustaba hacérselo a los de la oficina ella me dijo y después de jugar con su boca se puso encima de mí y metió mi miembro en ella y comenzó a saltar y quité al hombre porque no me gustaba y me recordaba a ella que había sangrado y no quiso para y seguía hincado enfrente de mi y el otro reía y se paró y me obligaba a que me hincara enfrente de él y yo no quería y él me salvo con una piedra le pegó en la cabeza y el hombre cayo y sangró como Isabel pero no sangro tan hermosamente como ella y el otro hombre corrió y yo corrí porque había visto a la bestia ya dos veces y no quería que le dijera a nadie y me persiguió por el bosque porque quería que yo también sangrara como Isabel y como el hombre y seguí corriendo y la niebla me cubrió y pensé que lo había perdido pero sentía que estaba todavía cerca por eso corrí más y más hasta que no supe donde estaba él y donde estaba yo y el agua apareció bajo mis pies y era fría y me incliné a limpiar mi cara y vi la sangre en mis manos en mi pecho y en mi cara y vi mi reflejo en el agua vi a la bestia al asesino que se llevó a mi amada Isabel y al otro hombre que también me amó por un tiempo me vi a mi mismo convertido en una bestia y lloré.

EL COMBO CUATES

Le sudaban las manos porque era la primera cita que tenían y no quería arruinarla. Conoció a Teresa desde hacía tres años cuando se mudó a la casa de al lado. Con el paso del tiempo se hicieron amigos, lo que desencadenó que comenzase a gustarle por su forma de ser y su increíble sentido del humor. Después de haber reunido el valor mientras transcurrían algunas semanas desde que Teresa y su novio Pepe habían cortado, la invitó al cine por primera vez. Y helos aquí en la fila de la dulcería.

-¿Qué compramos?-

-Las palomitas no pueden faltar. Ver una película sin palomitas es como no haber venido al cine – contestó Teresa. Mario le sonrió y volteó hacia las opciones de productos para ver cuáles pedían. Analizando el deseo de ella por las palomitas y para verse involucrado en lo que para Teresa era una experiencia completa en el cine, tenía que comerlas, por lo cual necesitaba una bebida.

-¿Te parece si pedimos un combo?-

-¡Justo eso te iba a decir! Creo que es la mejor opción para que cada quien tenga su bebida- contestó Mario. Se dio cuenta que había sido un error haberse expresado de esa manera, porque a pesar de que podía imaginarse a los dos compartiendo un maxi refresco como si fueran la dama y el vagabundo, sabía que esto debía ir lento.

-Ok, que cada quien tenga su bebida-

Teresa entrecerró los ojos y comenzó a analizar las opciones, lo que le daba un aspecto de estar planeando conquistar el mundo. Mario leía también las opciones, hasta que se topó con el combo cuates. ¡¿Dónde había quedado el combo pareja?! ¡¿Por qué se llamaba ahora así?! ¡¿Acaso fue un combo que habían inventado para mandar directo a la friendzone?!

-Deberíamos pedir un combo cuates. Trae dos refrescos y unas palomitas grandes. Si quieres podemos agregarle otras palomitas porque la película dura como 3 horas y mejor que sobren a que falten – comentó Teresa. Por alguna extraña y oportuna razón, Mario pensó en añadir unos nachos.

-Se me antojan unos nachos con extra queso. Podemos pedir el combo nachos que tiene un refresco menos pero lo podemos comprar aparte-. Teresa comenzó a hacer cuentas en su cabeza, lo cual hacía que su lenguaje corporal se pareciese al de la señora del meme.

-Nos conviene mejor comprar el combo cuates y unos nachos aparte – dijo Teresa. La cabeza de Mario daba vueltas porque no sabía cómo hacer para que no pidieran el famoso combo cuates. ¿Acaso era el destino que le indicaba que debían ser solo eso? El chico de la caja los llamó y ambos acudieron al mostrador.

-Hola, muy buenas tardes, ¿qué desean?-

Mario volteó a ver a Teresa para ver si cambiaba de opinión. Pero fue ella la que decidió hablar por los dos.

-Queremos un combo nachos y un agua natural de 1 litro, por favor -. Volteó a ver a Mario y le sonrió. – Olvidé que ahorita no estoy tomando refresco.

Mario sintió un gran alivio y pensó que seguramente era una intervención divina de Martin Scorsese o Christopher Nolan, sus dos directores favoritos, para que no fuera directo a la friendzone en la primera cita.

CONTINUARÁ…

No quiero dormir solo (Historia #2)

Por @joshtaverita

Fuego, un gran amigo y mejor cuando enciende el humo que calienta mi interior.

– ¿Otro cigarro?- preguntó ella mientras se acomodaba el corsé.

– Uno tras otro si es necesario- contesté, estaba harto que me criticara por esto.

– Morirás joven- me aseguró.

– Esa es la idea-

Se acercó lento a mí, seductoramente moviendo su cuerpo, ampliando sutilmente el escote de su pecho. Se sentó con las piernas abiertas sobre mí y dejó que su pelo acariciara mi rostro inundándome de un perfume dulce y penetrante.

– Déjalo esta noche- acercó sus labios a los míos –por mí-

– Ya hemos hablado de esto- la tomé de la cintura bruscamente – no te pago para que me des lecciones sobre lo que hago mal en mi vida-

Quitó mi mano y se levantó molesta. Se alejó de mí haciendo todo el ruido posible con sus enormes tacones. Por un segundo creí haber herido sus sentimientos, pero una prostituta no ama a sus clientes, los complace, los calienta, los enfría, cumple los bajos deseos del hombre y llena la soledad de la persona, pero no ama a nadie más que a ella misma.

Ella no era la excepción.

Ella podía levantar la mirada de cualquier hombre. Podría tener a cualquier hombre a sus pies, cumpliendo los caprichos de una princesa gitana, podría manipular hasta al más astuto con una sola sonrisa, podría volver asesino al santo y santo al mismísimo demonio. Y lo hacia. Muchas veces la vi obligando al incauto a pagar más de la cuenta, a obsequiar joyería costosa, diamantes a granel, incluso sé que la muerte de su antiguo padrote no fue accidental.

Era malvada, caprichosa y muy hermosa. Tenía una vida llena de lujos, una cartera de clientes influyentes, ricos y poderosos, pero siempre volvía a mí. Yo no cumplía las características de sus demás amantes, no era rico, menos poderoso, sólo ofrecía la cuota convencional, la misma que cobró hace muchos años atrás la primera vez que nos vimos, cuando empezaba su carrera y la avaricia aún no corrompía su espíritu.

La conocí en una esquina, como buena prostituta inexperta se paraba tímidamente recargada sobre un poste de luz, esperando que los hombres entendieran el lenguaje corporal y se acercaran a ella. Así me atrapó. La vi demasiado inocente para la gran tarea que pretendía realizar, en sus ojos, oculto tras el maquillaje, se visualizaba el miedo. La primera vez que le hablé su voz se entre cortó, llevaba apenas unos días en el negocio, buscaba desesperadamente la protección de su jefe. El hombre de unos 40 años la vigilaba a la distancia.

Nuestra primera tarde juntos quedé cautivado por su energía, por su fuerza, era la de una mujer mayor en el cuerpo de una joven de apenas 19 años.

– ¿Qué vas a querer hoy?- me trajo de vuelta a la realidad con estas palabras.

– Lo que quieras está bien-

– Tú dime, eres el cliente, eres el que paga- contestó agresiva -¿quieres que baile? ¿Que me desvista?-

– Quiero que no estés molesta-

– No me molesto- dijo- soy una prostituta, estoy acostumbrada a los malos tratos-

– Yo jamás te trataría mal-

– Eres igual a los demás, sólo me usas como consuelo- definitivamente estaba molesta – me hablas cuando te sientes solo, lo cual ocurre muy seguido-

-Lu-

-No me digas Lu-

– Vanessa- corregí –no eres cualquier persona para mí, no eres una prostituta más y yo no soy un cliente más para ti. Los dos lo sabemos-

– Sergio, no trates de convencerme como si fuera tu novia, entre tú y yo es únicamente negocio- podía sentir su respiración en mi rostro.

– Entonces porqué tiemblas cuando te beso- y la besé, la besé con la intensidad con la que lo hice la primera vez, la besé hasta olvidar quiénes eramos, qué hacíamos ahí, hasta olvidar quién era el cliente y quién el empleado.

Desnudé su cuerpo y recorrí su contorno con mis labios. Acaricié y disfruté cada parte de su anatomía. Me hundí en su mar y dejé que me hiciera flotar.

– Hazme sentir que no soy un objeto más- me dijo con la voz entrecortada.

– Hazme sentir amado- le contesté.

Dejamos que las horas pasaran. Que la oscuridad de la noche se rompiera por el primer rayo de sol.

– ¿Te vas?- le pregunté con un nuevo cigarro en mi mano.

– Sabes que tengo que irme-

– Quédate conmigo lo que queda de la noche-

– No puedo, tengo otros compromisos que atender-

– ¿Otros clientes que ver?- ataqué.

– Sí, unos que pagan más que la cuota mínima-

– Te pago- dije desesperado- te pago lo que pidas, te doy todo lo que tengo, pero no te vayas-

– ¿Cuánto es lo que tienes?- me preguntó soberbia.

– No mucho-

– Entonces ¿qué me vas a dar?-

Nada. No tenía nada material que ofrecer. No podía ofrecer coches, joyas o casas. Tenía un trabajo mediocre de oficina, ganaba lo mínimo indispensable para subsistir, no podía ofrecer mucho. Pero podía ofrecerle algo que nadie más: amor. Podría amar a esta mujer si no es que ya lo hacía.

– Nada- contesté. Ella no buscaba amor, de amor no se vive con lujos.

– Eso pensé- terminó de vestirse en silencio mientras yo tomaba mi cartera del pantalón y sacaba el dinero para pagar por su servicio.

Cada que la veía irse sentía cómo se reinstauraba el vacío de mi pecho. Mientras se alejaba de mí a los brazos de otro hombre, yo ansiaba la oportunidad de volverla a ver.

Extendí mi mano con el dinero en ella y se lo ofrecí. Ignoró completamente mi gesto.

– Ésta vez va por la casa- dijo y salió de la habitación.

Aventé el dinero lejos de mi, me hacía sentir estúpido. Ella no quería nada de mí, ni mi dinero.

Un cigarro tras otro fui consumiendo la cajetilla, poco a poco el humo inundó el cuarto disminuyendo el oxígeno, disminuyendo mi estado de alerta. El sueño empezó a inundar mi cuerpo y lo combatí pensando en ella. Era lo único que quería pensar, era lo único que llenaba esta soledad sempiterna.

Ella había causado gran impacto en mí desde que la conocí. Deseaba intensamente hacerla feliz, cumplir todos sus caprichos y sus sueños. Quería que dejara ese trabajo y a esos hombres.

Me deje invadir por el cansancio, por la tristeza y empecé a sucumbir ante el sueño. Quería tenerla a mi lado. Entre las sábanas, que aún olían a ella, traté de contener los pedazos de mi alma para sobrevivir un día más. Traté de dormir deseando no despertar porque la verdad era que no quería estar sin ella en esa cama demasiado grande para uno. La verdad es que no quiero dormir solo.

No quiero dormir solo (ficción)

Por @joshtaverita

No quiero dormir solo y a veces pienso que no hay remedio. No quiero despertar solo y creo que así será. 

El sonido de la lluvia, un cigarro y de fondo el ruido de la música electrónica eran mis acompañantes. Salí a disfrutar de mi vicio después de un par de tragos. Llevaba ya un tiempo abandonado en el lugar, los canallas a los cuales llamaba amigos me habían abandonado para compartir noche y cama con algún desconocido a pesar de que habíamos acordado permanecer juntos, pero no hay nada que hacer cuando la testosterona inunda la cabeza. Quería desde ese momento abandonar el lugar y dirigirme a mi solitaria habitación, pero la torrencial lluvia me impedía llegar a mi automóvil e incluso si lograba pasar a través de ella, la intensidad de las gotas me impediría avanzar por la ciudad.

Así que me encuentro solo, decepcionado y con frío.

Una pareja se unió a mi vicio, embriagados de alcohol y de amor que dura menos que el efecto del licor. Uno de ellos me pidió fuego, el cual le concedí dejando clara mi incomodidad con una mueca. Pareció no notarlo. Mi cigarro y mi paciencia se agotaron en el momento en que los besos se intensificaron y la mano de ella se perdía dentro del pantalón de él. La lluvia sería mejor amiga que este par de enamorados que olvidaron su pudor en la barra del bar. Para el momento que iba a avanzar el primer botón de la camisa de la mujer y un paraguas encima de mí se habían abierto. La sonrisa detrás de semejante amabilidad tenía además cara y cuerpo.

Hasta ese momento no lo había notado, lo cual demostraba la poca atención que prestaba a mi entorno, pues era poco probable que alguien de semejante estatura pasara desapercibido. Con el humo saliendo de su boca y mi mirada esforzándose por mirar algo más, me tomó del brazo y me acercó a él.

– Será difícil caminar entre la lluvia sin cubrirte, además no traes un abrigo que te proteja del frío, te puedes enfermar- traté de despejar mi mente para poder captar lo que me había dicho.

– Traigo un suéter en mi coche, no pensé que fuera a llover- alcancé a contestar.

– ¿Bromeas? Ha llovido toda la semana y el reporte del clima predijo lluvia fuerte por la tarde y por si eso no fuera suficiente, todo el día ha estado nublado- rió y mi molestia se mezcló con ansiedad. ¿Se estaba burlando de mí? Que arrogante hombre.

Sin decir nada me di la vuelta para internarme en la lluvia y una vez más tomó mi brazo y me atrajo cerca de él.

– Lo lamento- dijo – No quise ofender –

– No hay problema-

– Déjame acompañarte al coche-

– Estoy bien, no es necesario –

– Por favor- Y sus ojos me hicieron aceptar.

Caminamos por la primera cuadra en completo silencio. Estábamos muy cerca el uno del otro, el paraguas era muy pequeño para dos personas. El frío empezaba a generar temblor en mi cuerpo, el cual trataba de ocultar sin éxito. Al dar la vuelta en la segunda cuadra, mi acompañante pasó su brazo sobre mi hombro y me acercó a su calor. No dijo nada, mantuvo su seriedad y su vista al frente.

– No sé ni tu nombre – lo único que sabía es que era demasiado amable o posiblemente un asesino que engaña a sus víctimas con gestos gentiles. Empecé a generar un plan de escape.

– Christian- y ya. No preguntó el mío.

Continuamos en silencio hasta que visualicé mi automóvil, resaltaba por su llamativo color rojo.

– Ya es aquí. Gracias-

– Un placer-

– Andrés. Mi nombre es Andrés- claro, dale más información al asesino.

– Un placer Andrés – y dio la vuelta.

– ¿Cómo te irás?- ¿qué estás haciendo? No se te ocurra ofrecerte a llevarlo.

– Metro-

– ¿A esta hora?-

– Cierra a las 12-

– ¿Quieres que te lleve?- ¡pendejo!

– No es necesario, gracias- realmente esperaba que dijera que sí -pasa una buena noche- y se marchó.

Permanecí mojándome en la lluvia por unos segundos y después de entrar al coche, me mantuve viendo las gotas chocar contra el parabrisas por lo que pareció horas.

Arranqué y avancé lentamente por las calles hacia mi casa. Debía tener precaución extra por la lluvia y porque mi mente aún estaba concentrada en su sonrisa. Tres cuadras bastaron para verlo otra vez, aún caminando por la lluvia pero esta vez sin el refugio del paraguas. Me orillé unos metros adelante y bajé la ventanilla del copiloto.

– Te llevo al metro- grité demasiado fuerte.

– Está a unas cuadras-

– Me toca refugiarte de la lluvia- ¡que estupidez estás diciendo!

Lo pensó. ¡Lo pensó!

– Está bien- definitivamente si esto fuera una película criminal ya estaría muy muerto.

Se subió al coche demasiado pequeño para su estatura y se pasó la mano por el pelo desaliñado por la lluvia, salpicando pequeñas gotas en mi cara. Empezamos a avanzar.

– ¿Por qué estabas en el bar solo?- me preguntó. ¡Habló!

– Fui con unos amigos a la marcha y al bar después, pero me abandonaron porque encontraron otros amigos-

Silencio otra vez.

– ¿Por qué estabas tú solo?-

– Mis amigos se fueron con alguien más –

– Esa es mi historia- dije molesto ¿acaso se estaba burlando de mi?

– Eso no impide que también sea mi historia-

Silencio.

– ¿Y tu asombroso artefacto para cubrirte de la lluvia?- rió un poco con mi comentario.

– Se vió dañado con el viento-

Definitivamente este hombre no hablaba mucho.

No puedo con él.

El metro estaba enfrente de nosotros.

– Que pases buena noche- dijo y salió.

¡Eso fue todo! Lo vi bajando las escaleras hacia el subterráneo y mi ánimo se hundió también. Apagué el motor. No puedo. Bajé la cabeza y en el asiento vi un celular, su celular. Al alzar la cabeza lo vi regresar.

Esto me va a volver loco.

Abrió la puerta del conductor y se entró de nuevo al calor.

– Lo lamento- se disculpó – olvidé el celular y el metro al parecer está cerrado por la lluvia. Tendré que pedir un taxi.

– ¿Vives muy lejos?-

– Por la condesa- ¡perfecto me queda de paso!

– Te llevo- y sin esperar respuesta arranqué.

– ¿No te desvío mucho?-

– No, me queda de paso- y vas a la madriguera del lobo. Soy más pendejo que el hombre que escucha ruidos afuera de su casa y sale desarmado a ver si no es un ladrón.

En la condesa los bares ardían, el orgullo se celebraba en cada esquina que había. Me dirigió por las calles hacia su casa, en varias ocasiones emitió algunos comentarios sobre la gente que veía.

-¿Alguna vez has ido a la marcha?-pregunté.

– Cuando iba en la universidad. Mi mejor amiga me llevó. Quedé fascinado y asustado por los colores, el ambiente y la música. De entre la muchedumbre, un hombre que evidentemente había notado mi miedo me tomó de la mano y caminó conmigo durante todo el viaje. Esa noche fuimos a un bar y pasé la madrugada en su casa. Después de eso no volví a saber nada de él. A veces voy al bar al que me llevó ese día con la esperanza de volverlo a ver y darle las gracias por otorgarme la confianza que necesitaba para demostrar mi orgullo. Nunca lo he vuelto a ver.- al contar su historia me di cuenta de que era un hombre con sentimientos más intensos de los que demostraba. Definitivamente no era un criminal. – Mi casa es en la siguiente esquina- dijo y orillé el auto – Muchas gracias por traerme-

– ¿Hoy fuiste al bar a buscarlo?- pregunté antes de que bajara.

– Sí-

– ¿Y lo viste?-

– Sí, a lo lejos platicaba con un hombre mucho más joven que él –

– ¿Te acercaste a hablarle?-

– No, durante mucho tiempo pensé que verlo me haría sentir fuerte y seguro y hoy que por fin lo vi no sentí nada. Tal vez deba empezar a buscar esa fuerza y seguridad en mi y no en alguien más –

– Espero la encuentres- no supe que más decir.

– Buenas noches- salió del coche y por un momento pensé que de mi vida. Empezaba a aceptar la idea de que nunca más volvería a verlo cuando por imposible que pareciera, la lluvia empezó a incrementar de intensidad y un golpe en la ventana me sacó del ensueño.

– La lluvia se vuelve peor ¿por qué no te quedas esta noche? Puede ser peligroso que manejes- con su sonrisa de oreja a oreja me convenció.

El edificio era viejo pero bonito, amplio y frío. Sentía que mis huesos se congelaban.

– Vivo en el sexto piso y no hay elevador- me advirtió.

Al llegar al quinto piso, la opresión en mi pecho me impedía avanzar. Había vomitado un pulmón hacía dos pisos y hace uno mis piernas suplicaban piedad. No tenía condición para esto ni para nada, en parte era por la falta de actividad física y en parte por el consumo de 5 cigarros diarios desde los 16 años. ¡Maldito tabaquismo!

Llegué a su apartamento casi arrastrando. Traté de disimular mi cansancio pero mi respiración de perro me delató.

-¿Quieres un vaso de agua?- dijo en un tono burlón.

– Por favor- contesté entrecortado.

Su departamento era sencillo. Una sala pequeña con un televisor grande, una cocina donde apenas cabía él y un par de muebles, un comedor para dos y un cuarto para dormir.

– Bonita pantalla- realmente era demasiado llamativa por su tamaño.

– Se ve mejor el fútbol en una pantalla grande –

– ¿A qué equipo le vas?-

– Chivas-

– ¿Feliz por el campeonato?-

– Hace mucho mi equipo no me hacía tan feliz-

Traté de pensar que más decir pero mis conocimientos en la materia eran limitados.

– No eres fan del fútbol ¿cierto?-

– Sé un poco, mi papá y hermano son muy futboleros-

– Déjame traerte ropa seca- dijo mientras me ofrecía el vaso de agua.

Se internó en su habitación dejando la puerta abierta, se quitó la camisa dejando ver un tatuaje de mandala y unas cuantas cicatrices en su espalda. Una historia para otra ocasión. Regresó y me ofreció una playera y un pantalón secos. Me permitió pasar a su baño a cambiarme. El reflejo del espejo reveló el caos que había dejado la lluvia. Me arreglé lo más que pude y regresé con él. Lo encontré acomodando el sillón para dormir.

– Yo dormiré aquí, te ofrezco mi cama para que descanses – me sorprendió.

– No, yo me quedo en el sillón. No hay problema-

– Ve a dormir- dijo acercándose a mi y me dio un beso en la frente.

– No quiero dormir solo –

– ¿Por qué?-

¿Por qué?

Querría decirle que desde los quince años me sentía solo y que este sentimiento sólo había incrementado en los siguientes 10 años. Quería decirle que esta noche me sentí abandonado, triste y olvidado y que ésto cambió cuando él se ofreció a acompañarme. Quería decirle que sabía que él también se sentía solo, que él comprendía como me sentía. Quería decirle que con él no me sentía tan mal.

– Es tu cama- fue lo que dije.

– Yo te la ofrezco, es descortés que no aceptes- se recostó en el sillón – Buenas noches –

Me fui a la cama. El sueño me abandonó y sólo di vueltas en el colchón por algunas horas. Trataba de asimilar todo lo que había pasado cuando él entró a la habitación, se acostó a lado de mi bajo las sábanas y me abrazó atrayéndome a su calor.

-No quiero dormir solo – dijo y dejé que el sueño me inundara.

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