El Asesinato de Julio Herrera. Capítulo 3

Por @joshtaverita

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Puntual como siempre. Faltaba un minuto para que dieran las ocho, la hora acordada para nuestra cita cuando el estridente sonido del timbre rompió el silencio del ambiente. Sería una noche especial.

Llegamos al evento. El automóvil que la televisora nos había enviado se detuvo frente a la alfombra roja. Al menos una docena de fotógrafos se agazaparon lanzando sus veloces flashes hacia la puerta. Ella se veía espectacular, sabía que daría de qué hablar. La tomé de la mano para ayudarla a salir, escuché los murmullos de los periodistas al verla y sentí los disparos luminosos intensificarse. Era la primera vez que ella se presentaba conmigo a un evento.

Las críticas fueron positivas como lo imaginé. Presentarla a los medios, a mis compañeros y equipo de producción me hacía sentir orgulloso. La amaba demasiado. Me sentía en paz. Ella era mi mayor logro.

La noche marchaba bien. Ella parecía divertirse, a pesar de su sempiterna seriedad, su semblante severo y sus ojos imperativos, sus labios habían adoptado una sonrisa luminosa y cálida que invitaba a los asistentes a acercarse con similar amabilidad.

Por unos minutos la perdí de vista o pudieron ser horas, tal vez semanas que se volvieron meses, años y vida.

De repente sus ojos y su sonrisa eufórica me asaltaron.

-Divertida noche- dijo en tono dulce.

-Bastante, muy hermosa- no me refería a la noche.

-Interesante elección de traje-

-¿A qué te refieres?-

-Azul brillante, entallado ¿tratas de hacerlo obvio?-

-¿Qué cosa?-

-Ya sabes… que eres gay- ¿Qué acaba de decir?

-No soy gay, señorita.-

-No hay nada de que avergonzarse, en esta época ya nadie te juzga-

-Realmente no soy gay, incluso vengo con mi novia-

-¡oh! Lo siento, yo solo pensé…lo siento- sus mejillas se ruborizaron.

-No hay de que preocuparse-

-Tal vez…debería seguir atendiendo- y se alejó apresuradamente tropezando con uno de los invitados al macharse.

¿Quién era ella?

La velada siguió su curso. Los invitados intoxicados por las, siempre llenas, copas de alcohol empezaban a retirarse, evitando a toda costa a los camarógrafos que en parvada aguardaban fuera del edificio, nadie quiere ser la portada escandalosa de las revistas que se nutren de los momentos más humanos de los artistas.

Mi mente viajaba distraída entre el mar de gente restante, cara por cara, cuerpo por cuerpo, buscaba entre la multitud la sonrisa alocada, la única que eclipsaba el sol que sostenía en mi mano.

Fue inútil buscar. El salón estaba casi vacío y no había rastro de su huracán, empezaba a creer que me estaba volviendo loco y ella sólo había sido una alucinación bastante elaborada de mi mente.

-Vámonos amor- me susurró al oído.

Le di un beso en la frente, algo que era común entre nosotros y nos encaminamos a la puerta. Diversas personas nos bloqueaban el camino al andar, despidiéndose de nosotros, reconociendo la belleza del universo que llevaba de la mano. Por un segundo sentí la necesidad de voltear en dirección contraria, esa sensación de una mirada traspasándote. Me topé con sus ojos oscuros y misteriosos, una media sonrisa torció sus labios y desapareció detrás de la puerta de la cocina. Tomé una decisión.

Solté mi mundo con el pretexto de acudir al baño, ella se encaminaría al automóvil y yo al infierno. Corrí tras el diablo tentador, internándome más allá de los límites permitidos. Una docena de miradas se clavaron sobre mi, el cálido olor a comida perfumaba el aire, mi corazón latía al ritmo del aleteo de un colibrí. Ahí estaba, semioculta entre la multitud, su cuerpo tomó la postura de huída cuando me acerqué a ella.

-Espera- le grité con todo el aliento que me quedaba. Ella corrió en sentido opuesto, apresuraba el paso entre las personas. Yo trataba de acortar la distancia un paso a la vez –Espera, por favor- la súplica no hizo efecto.

Llegó a su fin, no había otro lugar a donde huir a no ser que corriera en dirección mía y me atravesara.

-Lo siento, de verdad lo lamento…no era mi intención ofenderlo- su voz sonaba angustiada.

-No me ofendiste, en serio-

-Por favor, señor, regrese con su novia-

-Eso intento, pero en mi mente… necesitaba verte-

-Por favor, no haga esto señor-

-Llámame Julio-

-No quiero generar conflicto-

-Ya lo has hecho-

-Retírese- la exigencia tomó fuerza

-Dime tu nombre-

-Señor, esto es bastante inapropiado, creo que ha tomado demasiado y es momento de que se vaya por su cuenta o me veré obligada a forzarlo- Amenazadoramente encantador.

-Sólo dime tu nombre- su pelo chino caía sobre su rostro cubriendo su expresión. Silencio. Las voces y ruidos de platos, cubiertos y vasos se habían extinto hace unos minutos.

En una mesa cercana se encontraba una pequeña libreta y un bolígrafo. Perfecto. Tomé los objetos y escribí mi nombre y número telefónico, con suerte ella llamaría.

-Dejaré esto aquí si te interesa- di vuelta y me retiré.

Afuera el frío se internalizó en mis pulmones incrementando el dolor en mi pecho. La puerta de nuestro coche estaba abierta y me interné con mi cielo para encaminarnos al paraíso. La noche en la ciudad es cautivadora, las luces de los edificios, la constante actividad, las calles sin tráfico automotriz. La noche en la ciudad es tranquila, casi se te olvidan las características representativas de la ciudad, características negativas como la sobrepoblación, contaminación e inseguridad. Por otro lado, la ciudad está llena de sorpresas, bosques, parques, monumentos, calles coloniales, museos, arte, multiculturalidad, en fin, un número ilimitado de opciones para pasar un buen rato con amigos, familia o pareja.

Me perdí en las estrellas del cielo y en las de mis recuerdos. Deseaba fervientemente que me llamara o que siquiera me enviara un mensaje.

-¿Estás bien?- me preguntó el universo.

-Sólo cansado- respondió el barro.

El hoyo negro de mi cabeza absorbía mis pensamientos. Algo se movió en mi bolsillo, mi celular vibró momentáneamente. Apurado saqué mi móvil y enfrenté el mensaje. Sólo una palabra escrita “Helena”.

Helena.

El destino transmutado (Relato)

Basado en una historia real

Dicen que cuando uno se opera la nariz, su destino cambia. Eso es lo que dicen, pero quien sabe si sea cierto. Una de mis preocupaciones era principalmente el dolor. No el dolor durante la cirugía, porque obviamente me ponen anestesia, sino el dolor que viene después en la recuperación. La idea de poder respirar mejor era algo que me animaba a hacerlo. Que me entrara la cantidad de oxígeno que normalmente debe entrar y que mis pulmones lo agradecieran.
No sé si el destino ya estaba escrito, no sé lo que iba a pasar. Lo que sí sé y que estoy seguro, es que el destino no está escrito y que cada uno lo va definiendo de acuerdo a las acciones que hace, se opere la nariz o no. Eso da igual.
A veces no entiendo porqué la gente es tan supersticiosa y cree que porque se les cruzó un gato negro frente a ellos, que porque pasaron por debajo de una escalera, que porque un espejo se les rompió o que abrieron un paraguas dentro de la casa, les va a traer mala suerte. Yo varias veces he pasado caminando por debajo de escaleras en la calle, he abierto paraguas adentro de una casa y de manera involuntaria se me han aparecido gatos negros, y no creo que me vaya a pasar algo malo. Sea como sea, cada quien sabe en qué creer y eso se respeta porque de una u otra forma el destino siempre cambia.

FIN

 

 

Lo inevitable (poema)

Los rayos de luz se asoman
veo el destello en tu ojos
ejemplo de los que se aman
con besos del uno al otro

Dedos entrelazados sonriendo
muestras de afecto en coro
la distancia no quiere que te vayas
pero es inevitable no hacerlo

Una mano que danza en mi cuerpo
un susurro que sigue al viento
esto no es una despedida
es el inicio de nuestro día

Inspirado en la ficción publicada en DUPLO:  «La distancia no quiere que te vayas», escrita por Artur Tavera.

Aún tenemos el verano (ficción)

@jncarl0s

Estaban acostados en el pasto viendo las estrellas. La música de la fiesta en la casa llegaba débil hasta esa área del jardín.

– ¿Crees que se pregunten dónde estamos? – Su voz sonaba meditabunda, como si deseara que alguien sí se preguntara dónde estaba.

– A mí nadie me conoce –. Respondió él lacónicamente.

Eso pareció sacarla de su ensimismamiento, pero cuando habló su voz conservaba el tono reflexivo.

– ¿Alguna vez te a puesto loco lo rápido que las noches cambian?

Él comenzó a reír.

– ¿Estas citando a One Direction?

Ahora era ella quien reía.

– ¿Por qué lo haría?

Él regresó al tema rápidamente.

– Creo cuando no haces lo que quieres, sientes que el tiempo se escapa.

Se quedaron en silencio mirando el cielo y cuando él comenzó a cantar lo hizo con una voz tan desafinada como Florence Foster Jenkins.

We’re only getting ooooolder baaaaaby, aaaand I’ve been thinking about it laaaaately. Does it ever driiiiive you craaaaazy, just how fast the night chaaaaanges? Everything that you’ve ever dreamed of disaaaaappearing when you wake up…

Ambos se carcajearon.

En la cabeza de ella se libraba una batalla mental.

FIN

La distancia no quiere que te vayas (ficción)

Los primeros rayos de sol comenzaron a asomarse a través de las persianas rosas y verdes intercaladas, que le daban un aspecto retro a la habitación. Los rayos danzaban lentamente mientras seguían los cantos de los pájaros que comenzaban a revolotear, hasta que llegaron finalmente a mi cara, lo que me hizo abrir los ojos y ver que aún seguía dormido. Su cara tenía un aspecto angelical, aunque esos ronquidos lo convertían prácticamente en una bestia.

No era la primera vez que pasaba la noche en mi cama, al principio contaba las veces que se había quedado a dormir conmigo, pero después de un tiempo decidí ya no llevar la cuenta porque no tenía ningún caso. El pelo alborotado le cubría los ojos y su brazo izquierdo seguía debajo de mi cabeza. Nunca había entendido cómo es que no se le dormía o lo quitaba porque se sentía incómodo. Todas las veces que habíamos amanecido juntos estaba así.

Me acerqué a su rostro y le di un beso de piquito en los labios que se encontraban ligeramente separados por su respiración. El ronquido cesó, pero él seguía inmóvil como una piedra. Levanté lentamente mi cabeza de su brazo para no despertarlo y me senté en la orilla de la cama. Su mano comenzó a caminar entre las sábanas hasta llegar a mi brazo izquierdo, como un depredador a punto de lanzarse hacia su presa, y me jaló para regresar de vuelta a la cama. Era inevitable luchar contra una fuerza de amor que no quiere que te separes de él.

Me acosté nuevamente  en el mismo lugar que había estado segundos atrás. Me gustaba su cara de la mañana, llena de entusiasmo por la cosas que le iban a pasar durante el día. Me sonrío de oreja a oreja, yo le sonreí de vuelta. Puse mi mano sobre su cara, la moví un poco sobre su cachete y sentí su barba que picaba. Me acerqué hasta que nuestras bocas se acercaron y besaron, podía sentir el calor que emanaba y aunque es algo que no se puede medir, también podía sentir su amor.

Nos levantamos de la cama y nos juntamos con nuestros cuerpos desnudos frente a la ventana para abrir las persianas y ver el amanecer. Un amanecer que nos marcaba un nuevo día y una nueva despedida.

Pizza para dos (ficción)

Estaba sentado esperando a que llegaran, tanto la pizza como ella. Nos conocimos una década atrás cuando estudiabamos juntos en la universidad y nos dimos cuenta que nuestros gustos eran similares, aunque en las pizzas no del todo, porque siempre pedíamos mitad y mitad. Cada quien escogía su favorita y era casi como un ritual, inclusive cuando íbamos al cine a ver el estreno del viernes pedíamos las palomitas mitad caramelo y mitad mantequilla. Yo a veces me emocionaba poniéndole salsa a las de mantequilla y terminaba por hacer que el cartón se aguadara. Por cierto, si mi abuelita me viera haciendo eso me daría todo un discurso acerca de la gastritis y de paso mencionaría que le diera una leidita al manual de Carreño.

Habían transcurrido algunos meses desde la última vez que nos vimos en su departamento. En aquella ocasión había pasado la noche con ella, acostados en la cama acompañados de la oscuridad mientras platicabamos del futuro. Ese futuro que a veces era muy incierto y que no estaba del todo escrito. Desde que tengo memoria nos hemos contado tanto las buenas como las malas noticias. Los trabajos, las crisis existenciales, las dudas, los corazones rotos, los consejos, etc. Habíamos platicado prácticamente de todo y nos conocíamos muy bien. Tenía mucha emoción de verla, porque a pesar de que no nos habíamos visto en mucho tiempo, siempre que nos veíamos era como si el tiempo no hubiera pasado.

Repasaba una y otra vez lo que estaba a punto de decirle, no sabía cómo lo iba a tomar y por eso había escogido acompañarlo de pizza. El timbre sonó y me dirigí a la puerta, podía ser cualquiera de las dos. Abrí rápidamente y el olor delató quién había llegado primero. Obviamente iba a llegar primero el de la pizza, sino es gratis. Le pagué, le di su buena propina porque la verdad ganan una miseria y se fue. Puse la caja en la mesa y me senté a esperar, la próxima llegada iba a ser la de ella.

El timbre sonó nuevamente 15 minutos después y abrí la puerta. El tiempo no había pasado y era como si nos hubieramos visto ayer. Ambos sonreímos de oreja a oreja y abrimos los brazos.

FIN

La Boda del Martes 28 (Microrrelato)

Por @arturtavera

Basado en una historia real

Mis manos comenzaban a temblar mientras seguía grabando la boda, habían pasado 15 minutos desde que había comenzado y el oficial civil de repente hacía alguna que otra broma con respecto al matrimonio, lo cual convertía la boda civil en toda una experiencia merecedora de ser tachada de una bucket list. Mis dedos comenzaban a resbalarse, pero se mantenían aferrados para ser cómplices de aquel evento especial de mis amigos y que debía ser recordado para la posteridad, tanto en la mente como en la memoria Micro SD de mi smartphone. Llegó el momento en que tomaron sus manos, se dijeron unos votos que les tomaron de imprevisto porque no los habían preparado y finalmente firmaron y se besaron. No aventamos arroz, pero si mucha felicidad y nuestros mejores deseos para el nuevo matrimonio. Llegando a la casa tendré que descargar el video porque casi se llenó mi celular.

La Marea en sus Ojos (Poema)

Al fuego va tu mirada
Al fuego lento conmigo
No te escondas en las sombras
No me arranques más suspiros

Mira al velero en el agua
Mira al velero en el mar
Navego por tus mareas
Hasta llegar a altamar

No me importa si lo dices
No me importa si lo sé
Tu me entregas toda el alma
Yo te amo más que ayer

Microficción.

@jncarl0s

Lo despertó un rayo de Sol en la cara, aún estaba un poco borracho. ¿Cómo llegó ese pedazo de pastel al techo? ¿Dormir un poco más o levantarse a orinar? Antes de que pudiera decidir recibió un pastelazo de chocolate en la cara, ¡maldita sea! con una mano lo quitó de sus ojos, aún estaba bueno.

En el espejo del baño había un beso ¿Quién lo habría dejado?

FIN.

El Asesinato de Julio Herrera. Capítulo 2

Por @joshtaverita

Capítulo 1

Capítulo 2

«Encontrando un culpable»

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Es todo lo que escribe de ese día, el día en que se le arrebató la vida. Continuaba observando el diario, mientras a lo lejos se escuchaba el llanto incontrolable de la que podría ser su asesina. Había leído unas cuantas páginas previas a la de esta fecha. El registro anterior es de hace dos meses. El 7 de septiembre sale a festejar su aniversario con Val, su novia de 3 años. Después de eso nada. Deja de escribir hasta el día que fue apuñalado. Tal vez tenía miedo de lo que pudiera pasar, tal vez sabía de lo que ella era capaz.

La mujer seguía desbordando sus emociones en el pasillo, la anciana con la que había hablado minutos antes y a la cuál mandé a su casa, regresó para consolar a la que podría llamarse viuda.

-Morales, que empaquen todo lo que sea relevante, que el forense recoja el cuerpo y vámonos- observé como surgió un destello de maldad en los ojos del abotagado hombre, seguramente encontraría alguna joya, reloj u objeto de valor monetario que sería «relevante» para la investigación y lo decomisaría en nombre de la ley. Estaba más preocupado por la investigación que por las fechorías que pudiera cometer el cuerpo policiaco.

Me incliné ante la acongojada mujer -¿cómo te llamas?- pregunté en el tono más compasivo que pude generar.

La mujer entre sollozos contestó. Valeria. Entonces era ella a la que había invitado a cenar, de la que se había estado aprovechando por al menos los últimos dos meses.

La llamada a la policía se efectúa a las 20:14 horas, para ese momento la comida ya estaba preparada, muestra de ello es la persistencia del aroma en la cocina. Él estaba esperando que ella llegara pronto. Ella se presentó a las 23:16, demasiado tarde para acudir a una cena.

Aunque ¿por qué el asesino regresaría a la escena del crimen? Parecería una estrategia tomada de algún programa televisivo para desviar la atención del investigador. Pensando lógicamente, un criminal no regresa al lugar del asesinato por miedo a relacionar el acto con la persona o por si se encuentra algo que pudiera incriminarlo, mucho menos regresa pocas horas después cuando aún la policía está ahí. Pero ella parece lista. Posiblemente crea que esconderse a plena vista disminuirá las posibilidades de ser incriminada.

-¿Por qué estás aquí?- pregunté sin rodeos, sin darle tiempo a crear una historia falsa. Su rostro se tornó defensivo a la agresividad de mi voz.

-Es mi novio- contestó con la voz aun entrecortada por el llanto- íbamos a cenar juntos-

-¿A las 11 de la noche? Al parecer él te esperaba desde antes- ataqué.

-No pude antes-

-¿Por qué?-

-Por…problemas familiares- su voz se tornó serena. Sabía qué estaba tratando de hacer.

-¿Qué clase de problemas?-

-No tengo porque discutirlos con usted- la presa se volvió depredador. Su rostro se tornó inexpresivo y su mirada tímida se convirtió en desafiante, incluso pude ver como sus labios formaban una retorcida sonrisa. Supo cómo evitar mi pregunta.
Sin duda su belleza se equiparaba con su inteligencia. Rápidamente entendió que quería ponerla en una encrucijada para que confesara y no darle tiempo para armar una historia. Vi la imposibilidad de seguirla cuestionando.

-Soy el detective Chávez, estaré al frente de la investigación. Se te citará para declarar pronto- y diciendo esto di media vuelta y me interné en el departamento.
Podría haber algo más que la incriminara, un cabello, saliva, sangre, algo. En ella no vi herida alguna, ningún rasguño o moretón, al menos no en manos, cuello o cara. Los brazos, sin embargo, los traía cubiertos por un saco negro; si ahí había algo no podía verla. Tendría que citarla lo más pronto a declarar para que no se borrara ninguna huella si es que tenía alguna, en un día caluroso de preferencia para evitar que acudiera de manga larga y cuello alto. Debía hallar en ella algún descuido.

El cuerpo ya estaba empaquetado en la acostumbrada bolsa negra y la policía había decomisado los objetos útiles para la investigación. Pude ver en la cara de Morales la malicia satisfactoria que tiene el ladrón al pillar algo y saber que no será atrapado mientras salía de la habitación. Me encargaré de él después.

La tranquilidad fue interrumpida cuando la mujer de ojos esmeralda irrumpió en el departamento. Por unos segundos se quedó paralizada observando la bolsa negra que resguardaba el cuerpo del hombre que amó los últimos tres años. Parecía que las lágrimas volverían a desbordar por su rostro, pero fueron contenidas en el borde del párpado inferior. Ágilmente esquivó a los hombres que trataban de contenerla y llevarla fuera. Corrió a la habitación de Julio, de un empujón logró mover los casi 100 kg de Morales y se internó por medio minuto en el cuarto. Salió con el rostro encendido, coloreado de rojo. Dirigió su mirada hacia mi, sentía como su odio penetraba mi cuerpo, sentía como si quisiera disolverme.

-¿Dónde está el reloj de su padre?- vociferó con todo el odio que pudo proyectar.

-¿Qué reloj?-

-El reloj de oro de su padre. Siempre lo guardaba en el cajón superior del mueble en su cuarto y no está ¿por qué lo han agarrado?-

Observé de reojo a Morales, su respiración se intensificó y su rostro se volvió pálido y sudoroso.

-Le aseguro que no hemos tomado nada que no sea relevante para esta investigación- mentí.

-El reloj lo traía puesto, está en la bolsa junto con el cuerpo- contestó Morales.

-No es cierto- aseguró ella.

¿Cómo sabe? ¿Acaso este pequeño arrebato será mi oportunidad para incriminarla? El hecho que ella sepa que no lo traía implica que lo vio antes. Era mi momento de atacar, de presionarla al límite para que confesara.

-¿Cómo sabes que no lo traía?-

-Él nunca lo usaba-

-Tal vez hoy decidió ponérselo-

-Julio era una persona obsesiva y metódica, no cambiaría su patrón sólo porque sí-

Tenía un análisis de su novio, aunque después de tres años era de esperarse, conocía todos  los detalles de su vida.

-Tal vez quiso darte una sorpresa-

-Tal vez-

Durante toda la conversación no tartamudeo, no dudó, fue firme y serena.

-¿Dudas de tu novio?-

-No tengo porque discutirlo con usted- otra vez la misma respuesta.

Cada vez estaba más convencido de que ella estaba relacionada con el crimen, necesitaba encontrar los motivos y forzar una declaración.

Ante la aparente imposibilidad de lograr que dijera más en esta ocasión y por lo informal de la situación, le supliqué que abandonara el lugar prometiéndole regresar el preciado reloj si era hallado. Es cierto que en la muñeca del hombre no había nada y, por la actitud sospechosa de Morales, estaba seguro que él lo había tomado. Bien. Me podría servir en algún momento, quizá podría sacar ventaja de tener ese objeto en mis manos.

Me acerqué a Morales y en voz baja y lo más cerca que pude estar de él le dije -entrégame el reloj-

De la bolsa del pantalón sacó la joya de oro. Un trabajo exquisito y monetariamente muy valioso, bien podría salir de su venta unos 40 o 50 mil pesos. Era el caso de esta prenda que su valor sentimental era superior al bursátil y eso lo hacía relevante en la investigación. Al observarlo con detenimiento noté una mancha púrpura en la correa, una mancha de sangre fresca. Morales no había mentido, si lo halló en el cuerpo pero lo decomisó para beneficio propio.

-Lo retiraste antes de que llegáramos-asintió con su globosa cabeza sin poder expresarse verbalmente, quizá por la culpa o por el miedo de ser reportado una vez descubierto -esto queda entre nosotros- le aseguré, después de todo regresó la pieza.

Entonces lo traía puesto. Esto me tiraba mi sospecha sobre Valeria. Ella había dicho que no lo llevaba puesto. O tal vez armó todo el teatro para, otra vez, desviar las sospechas de ella. ¿Realmente podía ser tan perversa esa mujer?

Nos retiramos del lugar una vez terminado el proceso de recoger el cuerpo y demás datos de evidencia.

La prensa amarillista ya se hallaba afuera del edificio, no esperaba menos. Al final de cuentas se trataba del asesinato de un joven actor de televisión.

Recientemente había hallado la fama, su rostro se hallaba en toda clase de comerciales y ahora se encontraba cubierto por plástico opaco. Su fama fue efímera como su vida.

Me negué a proporcionar declaración alguna a los medios de comunicación y me dirigí sin tropiezos a mi oficina. Prendí la computadora y entré a internet. En la sección de noticias recientes, un encabezado captó mi atención. «Muere el joven actor Julio Herrera a sus 27 años de edad apuñalado por su novia». Aquí 10 de sus mejores momentos en televisión. Otro aún más impactante rezaba «Apuñalan al actor Julio Herrera, su novia como principal sospechosa».

Entonces no era el único que creía que había sido ella, pero ¿quién habrá dado esa información? Tal vez internet y las páginas de espectáculos podrían proporcionarme alguna pista, algún paparazzi que haya captado a Julio discutir con su novia o algún infiltrado chismoso que asegure que tenían problemas o si alguno de los dos tenía conductas violentas.

Nada. Dos docenas de notas describiendo lo perfecta que era la relación de ambos, ella una magnifica abogada y él un promeniente actor, se les captaba constantemente comiendo juntos, besándose sin miedo de la cámara indiscreta, tomados de la mano en la playa o algún parque de la ciudad. Unos cuantos rumoraban la posibilidad de una boda pronto. Una pareja común, un par de enamorados que entregaban su vida el uno al otro y a su trabajo.Ya tendría tiempo de buscar alguna pista que me dijera el motivo de porqué ella lo había asesinado.

Accedí a la sección de clima y vi los pronósticos de los días siguientes. En dos días tendríamos 28° C, una temperatura poco usual en esta época del año. Sería bastante caluroso como para usar manga larga, sería mi oportunidad para citar a Valeria. Tenía que llenar mi informe, crear el expediente, recabar toda la información útil y analizar los hechos. Tenía que estar preparado para obligarla a confesar.

 

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