La Mujer (ficción)

Por @joshtaverita

El suave calor matinal empezaba a inundar la habitación y la luz que traspasaba la cortina se recostaba a lado de un cuerpo femenino. La sábana de algodón blanco enrollada en su cuerpo se deslizó lentamente  por su pecho, su abdomen, su pelvis, sus piernas, para terminar a los pies de la cama.  Su pelo ondulado, castaño y largo se alborotó ligeramente cuando se incorporó. Pasó las manos por las enredaderas en su cabeza y lo acomodó distraídamente, mientras recordaba alegremente la fecha. Hoy le vería.  Caminó grácilmente al espejo sobre el pequeño buró de madera colocado en la pared más lejana de la habitación, miró detenidamente su reflejo: los años empezaban a ocupar su rostro, su tercera década se le iba entre los dedos sin poderla detener y, a pesar de todo, ella era hermosa, su rostro marmoleo pintado por Leonardo, sus ojos claros semejaban dos piedras preciosas, sus labios eran el sueño de un poeta y su cuerpo tallado por Miguel Ángel.
-Hoy es el día- se repitió como siempre que él iba.
Se dirigió a la bañera y mientras la llenaba con agua caliente que perfumaba el cuarto con esencias florales, se quitó el leve  camisón de seda que cubría su cuerpo.  Miró su cuerpo desnudo y pensó en todos los hombres que la habían deseado, que darían todo por tocar su cuerpo, pero ella solo quería a uno. Sumergió su cuerpo y sus pensamientos y dejó que se disolvieran.
Eran pasadas las seis de la tarde cuando él tocó a la puerta. Ella llevaba puesto un vestido turquesa que resaltaba su contorno, un tenue toque de maquillaje en los ojos y un seductor color rojo cubriendo sus labios, su pelo caía sobre sus hombros detenido por un listón sobre su cabeza y despidiendo el encantador aroma de un perfume francés. Él entró en la habitación ávido de calor, sus manos delinearon su rostro y posó sus labios en los de ella.
Vino rojo en copas de cristal para acompañar la cena, rosas blancas en cada una de las habitaciones para perfumar el ambiente y en la habitación, un par de sábanas blancas de seda nuevas acariciando los cuerpos de los amantes.
Poco antes de las diez de la noche él devolvió el traje y la camisa a su cuerpo y se decidió a abandonar la habitación, mientras ella seguía con nada más que el perfume tendida en la cama.
-Quedate hoy-  ella suplicó.
-Debo volver con mi familia y lo sabes- contestó sin dudar. Se inclinó sobre ella y con un beso en la frente la despidió.
Ella se quedó sola. Como siempre. Desnuda y vulnerable contempló el cuarto vacío y a lo lejos no encontró su reflejo observándola a través del espejo.  Sabía que eso pasaría, pero no perdía la esperanza de que algún día él se quedara la noche.
-Un día yo seré su esposa- se mentía una y otra vez.
Y mientras la noche avanzaba, las lágrimas la sumergieron de nuevo a un sueño, un sueño donde ella no era la otra mujer.

Crónicas de Tinder. Capítulo 4 «Mr. Israelí y los otros misters»

Por Artur.

Según datos de la empresa a nivel global, el 85% de los usuarios tienen entre 18 y 34 años. El 48% son mujeres y el 52% hombres. Pese a que los adolescentes forman el grueso de los usuarios, una encuesta que realizó la red social indica que el 80% de las personas que la usan están buscando algo más que un encuentro casual.

El Día, 2016

Por si te perdiste alguno de los capítulos anteriores:

Introducción y Capítulo 1 «Mr. Fodongo»

Capítulo 2 «Mr. Canadiense»

Capítulo 3 «Mr. Mazatlán»

 

Capítulo 4. «Mr. Israelí y los otros misters»

Nombre: Fernanda Pérez

Edad: 29 años

Mi nombre es Fer y soy adicta a Tinder. Esta historia comienza un día no muy lejano del 2015, septiembre para ser exactos, cuando un amigo insistió en que debía descargar la app, ya que él usaba la versión gay “Grindr” con bastante éxito, a lo cual sin necesidad de que insistiera demasiado, accedí, descargué la app, me registré y la aventura comenzó.

Confieso que los primeros match que hice fueron hombres a quienes él eligió y poco a poco sumaba hombres con quienes platicaba, algo muy inocente, debido a que personalmente me da un poco de miedo, sabiendo la cantidad de locos, enfermos, y/o en su defecto desconocidos, a los que literalmente les brindas acceso e información de tu vida, pues no es cualquier cosa…aquella primera vez que recién comenzaba en la app, llegué a conseguir cerca de 80 match, así que también es un buen estimulante al ego, aclaro que no con todos hablé y obviamente tampoco los conocí.

Uno de los primeros hombres que yo no elegí, pero con el cual hice match fue Poncho, platicamos aproximadamente durante 2 semanas, día y noche, de cosas cotidianas, de la familia, los amigos, los gustos, su trabajo, las demás citas tinder, (y les tengo que decir que en su repertorio cuenta con cada personaje…¡bárbaro! jaja) y así, lo típico, debo resaltar que para ese entonces nuestra comunicación ya se daba mediante whatsapp, y les confieso que su voz es maravillosa, de esas que derriten a una. Total que un tiempo después (y yo enamorada de mis mensajes de audio), accedí a conocerlo en un café interactivo (de esos que tienen jueguitos de mesa) en una nueva y pequeña plaza al sur de la ciudad.

Dado que por fortuna también coincidíamos en rumbos, llegué 10 minutos antes, me compré un helado para hacer amena mi espera, además de disimular mis nervios, subí las escaleras y lo esperé afuera del café donde nos citamos. Moría de nervios, esta era –LA CITA- ¡hacía cuatro años que no tenía una! Cinco meses antes había roto mi compromiso, era el primer hombre después de tanto tiempo y tantas cosas, así que al momento que lo vi subir las escaleras eléctricas de la plaza, mi corazón se detuvo, mi escáner se activó, el hombre era muy de mi tamaño, ¡y miren que no soy una top! Mi 1.60 mts. me hace feliz. Era un poco calvo (o de frente muy amplia) pese a sus 30 años, bien vestido, olía delicioso, traía cara de desvelo por así decirlo, lentes de Sol, que al quitárselos hacían resplandecer unos ojos entre miel y verdes que hicieron temblar mis piernas, hoy que lo pienso…seguro tiene ese movimiento muy bien ensayado. Me saludó con un beso en la mejilla y un abrazo, como si nos conociéramos de toda la vida, (confieso que vía whatsapp nos llevábamos perfecto, incluso ya me marcaba para saber cómo estaba, qué tal mi día..etc.).

Salimos de la plaza sin rumbo, dado que yo aún no me terminaba mi helado, regresamos y nos metimos al famoso café interactivo “El 8”, pedí una malteada y él un café, y nos dispusimos a jugar jenga. Las horas pasaron, más rápido de lo que imaginé, platicamos, reímos, jugamos. -¡Si gano te beso!- exclamó, -¡si gano no lo haces!- exclamé. Y en efecto, soy de las mejores jugadoras de jenga en el mundo. Sus intentos por besarme siguieron, salimos del lugar, me llevó a mi casa y ahí la noche terminó, sana y salva. La comunicación siguió, las salidas también y de pronto ya nos encontrábamos en medio de algo, que nunca supe definir, puesto que al pasar de los meses se fue complicando, su trabajo lo absorbe gran parte de la semana, si no es que toda la semana, y el tiempo que dedicaba a compartir conmigo era contado, lo cual para mí en aquel momento de mi vida donde personalmente me encontraba demasiado frágil, no funcionaba y la historia terminó, un corto tiempo muy intenso. Yo quería más, él no podía ofrecerlo, dijimos adiós, que hoy sé fue un hasta luego, dado que la comunicación sigue, no somos los mejores amigos, pero el tiempo dirá. Mientras esta historia duró, me olvidé de tinder por completo. Sólo había intercambiado números como con tres niños más, y con los cuales no pasaba nada, más que un saludo de vez en cuando y ya.

Recuerdo vagamente que cuando me encontraba en la historia anterior, un chico extranjero llamado Elian comenzó a buscarme, en ese momento fue algo demasiado X, no di muestra alguna de interés, así que sólo platicábamos lo básico, de vez en cuando nos saludábamos, pero nada más. Así que cuando todo terminó con Poncho, volví a tinder y me animé a salir con varios chicos con los que platicaba, siempre a lugares públicos y por lo regular a algún café. Conocí a un chileno llamado Lalo, que hablaba hasta por los codos, su vida era básicamente trabajo y fiesta a morir. Con Pablo, la cita fue en el centro de Coyoacán a las 4pm, esperé hasta las 4:30 y me fui, me llamó 4:50 preguntando si ya me había ido… breve historia.

Después conocí a Santiago, un español muy encantador y muy intenso que al día siguiente regresaba a España, y con el cual mientras tomábamos café planeamos los nombres de nuestros 3 hijos y como sería nuestro hogar. Se vale soñar a veces también, aún platicamos de vez en cuando.

Diego es un chico apasionado del cine y la música, que al día de hoy conservo y con el cual me llevo muy bien, sólo en plan de amigos. Nos vemos regularmente, me presta pelis y yo a él libros, se divorció hace dos años, tiene una hija y viaja mucho, un hombre centrado y buena persona.

Un buen día por fín conocí a Danny, la cita fue en La Roma. Llegué un poco tarde, lo vi y no lo creí, imaginen que un hombre de 1.90 aproximadamente, chamarra de cuero, ojos miel, barba castaña, facciones perfectas, sonrisa de ensueño, se levanta, las saluda y las abraza. Una es fuerte…¡pero así no se puede! Lo defino como el hombre más guapo que he visto en mi vida (es israelí) que aunque la comunicación ha sido un tanto limitante, no ha sido problema, sencillo, con carisma, con mil historias por contar.

Recuerdo que le pregunté sobre qué buscaba en tinder, a lo que respondió que una relación, me contó que llevaba aproximadamente 5 citas tinder y que ninguna le había parecido adecuada, él dijo que le habían tocado puras locas, yo imaginé loquera mental, pero me sacó de mi error diciendo que casi todas sólo buscaban llevarlo a la cama, y hasta cierto punto lo entiendo, ¡el tipo es un encanto!, pero dije: ¡¡¿¿queeeee???!!…pobre. Ellos también sufren de eso jajaja total que después de varias citas sin que nada pasara, sólo café y charlas, me invitó a ver una peli a su casa y obviamente acepté. En efecto, les recomiendo ampliamente un israelí en sus vidas, porque lo de ahí abajo como lo de arriba tampoco lo había visto en mi vida, lo recuerdo y sonrío de nuevo.

El caso es que con Danny la historia sigue, muy incierta, pero lo he disfrutado bastante y esta vez consciente estoy de que dure o no, es por mucho el hombre que más me ha gustado en la vida. Tiene sus detalles muy de medio oriente, pero nada que no pueda soportar, aún no termino de descifrarlo, viaja con frecuencia a varios estados del país, por lo que a veces resulta complicado coordinarnos, no comprendo muchas ideas en cuanto a su religión y educación, platicamos durante horas, regularmente toma su guitarra y cantamos, vemos series de tv, pelis, muy de amigos, compañeros, aún lo veo y me derrito, pero supongo se me pasará. No puedo definir que somos, y hoy por hoy no me importa, que dure lo que tenga que durar, ha sido por mucho lo que necesitaba en este momento exacto, así, simple, sin complicaciones, sin exigencias, puede sonar como sólo para pasar el rato…y tal vez, para pasar un muy ameno rato.

Justo el día de ayer salí con un chico que había insistido bastante, su nombre es Román, llegó tarde, desaliñado, como enojado o frustrado o nervioso, ¡qué se yo! Imaginen, despeinado, su cabello todo como grasoso, su tono de voz cero le ayuda. Habla como con hueva de esa que se contagia, yo soy nada paciente con esos detalles. Pidió cerveza tras cerveza, y su cara lo delataba, poco a poco veía como comenzaba a tambalearse, caballerosamente me cedió la oportunidad de pagar (…..) y no es que yo nunca pague, de hecho estoy muy a favor de ello, pero no cuando el mono se avienta casi la cubeta de cervezas y unas papas a la francesa y no hace siquiera el intento de pagar. Debút y despedida ¡no soporto a los mantenidos y fodongos!

Por lo pronto he cerrado tinder oficialmente, llega el punto donde me aburre la misma conversación una y otra vez, no dudo que caiga en sus redes otra vez, porque me resulta adictivo. Creo que ya experimenté suficiente la app, me la he pasado bien, las historias que me deja son buenas y malas, recomiendo la app, ¡sé que se llevarán sorpresas!, desde que quizás encuentren a su otra mitad, como a su compañerito de la primaria, sus vecinos, amigos, conocidos, a sus respectivos novios (que espero no), pero segura estoy que muchos somos sumamente débiles a esta app.

 

Las 3 reglas de oro en Tinder de Fernanda Pérez

1.- Es muy poco probable que encuentres el amor en Tinder. En caso de que lo hagas, eres una excepción, así que siempre ten bien planteado este punto.

2.- Debes tener mente muy abierta, así como puedes encontrar un encanto, también puedes encontrar lo contrario.

3.- Protege a capa y espada tus datos personales. Las citas siempre son en lugares públicos, y si no  puedes correr en tacones, ¡evítalos! Nunca se sabe 😉

Y como un consejo extra, siempre sean ustedes mismas, he escuchado bastantes historias en las que ellos se quejan de que la niña cero se parecía a su foto de perfil o resultó ser todo lo contrario a lo que relataba. Algunas sólo buscan dinero y/o sexo, nada como plantear desde el principio que buscan y cómo son.

 

La noche que desconocí a tu corazón (relato)

Por Artur.

Basado en una historia real.

Cerró la puerta del auto, mientras yo veía como se alejaba caminando sobre la acera, dándome la espalda y perdiéndose en la oscuridad. Sabía que había un problema en él, pero no creía que fuera tan grave. El dolor que sentía en el corazón se extendía por todo mi cuerpo, comenzando a manifestarse en mis ojos y finalmente una lágrimas se escurrieron sobre mis mejillas. Yo no era el que tenía un problema, era él. Se podría decir que se aplicaba en este caso «No soy yo, eres tú». Dejé de sostener el volante y me sequé las lágrimas, tenía que manejar a casa.

El semáforo se puso en rojo y no podía dejar de pensar en lo que había ocurrido, era la primera vez que me partían el corazón y de una manera muy desagradable y desgarradora. El dolor seguía ahí dentro de mí. Me miré en el espejo y vi mi aspecto, se notaba que había estado llorando. Pensé en que quizás las cosas suceden por algo y no era el momento para ambos. Era el último semestre de mi carrera, lo había visto caminar en los pasillos, lo había visto sonreír, me había acostumbrado a él. Pero él no se acostumbró a mí. El dolor se había hecho menor, pero seguía ahí, así que me propuse curar mis sentimientos con lo que la gente siempre lo cura, tomando alcohol.

Di la vuelta en la esquina y me encontré en la calle principal, ahí había un OXXO en el cual podría comprar una dotación de alcohol (no una gran dotación pero si por lo menos una botella de algo) para aliviar mi dolor. En primer lugar, yo no tomo nada de alcohol, pero para esa ocasión iba a hacer una excepción. Me bajé del auto y me sequé nuevamente las lágrimas. Esperaba que mis ojos no se vieran tan hinchados. Entré y una señora se encontraba en la caja. Me dirigí a los refrigeradores donde siempre están las cervezas, el vodka y todas esas bebidas embriagantes, pero no encontraba nada. Le di 2 vueltas al pasillo de los refrigeradores y no vi señal alguna de la medicina del dolor. Me pareció muy extraño eso, así que me dirigí con la cajera y le pregunté sobre la ubicación de las bebidas alcohólicas. Ella contestó que en ese establecimiento no vendían ese tipo de bebidas porque había muchas escuelas alrededor y la zona era muy familiar. Traté de no hacer cara de decepción y me dirigí nuevamente a los refrigeradores, tenía que haber algo que me llenara ese vacío interno. Tomé un refresco peñafiel de manzanita y unas papas sabritas, no era lo que esperaba pero por lo menos iban a llenar el vacío de mi estómago.

Llegué a casa y me tumbé en la cama, seguí pensando en lo que acababa de pasar esa noche mientras le daba sorbos a mi resfresco. Comencé a llorar de nuevo hasta que quedé profundamente dormido.

Agua helada para un corazón cálido (ficción)

Por Artur.

Metí ambas manos en la cubeta, sumergiendo la franela roja que se iba destiñendo en un agua cada vez más turbia. Podía sentir el frío que se propagaba por mi cuerpo, aquel frío que había experimentado algunos años atrás. Exprimí la franela y comencé a limpiar el parabrisas del taxi que muy amablemente me había prestado Óscar, el esposo de mi amiga Gisela. No es fácil encontrar trabajo cuando tienes casi medio siglo de vida en una sociedad que va avanzando a pasos agigantados.
El taxi ya estaba limpiecito, eran casi las 10 de la noche y tenía que regresarlo con su respectivo dueño. Encendí el coche, acomodé el espejo retrovisor y comencé a manejar por la avenida principal. Durante el trayecto iba recordando aquél día en que pase por ahí, feliz de haberme casado con la persona que me había elegido y que yo había elegido. Tenía la ilusión de formar una familia, pero a veces esas ilusiones son pasajeras como los usuarios que se suben a este taxi. Teníamos casi 20 años de casados cuando descubrí que Juan me estaba engañando con otra mujer y que había vendido el taxi para poder irse de la casa con ella. Después de dejar mi corazón destrozado y con miedo a enamorarse nuevamente, decidí que necesitaba compañía para esta soledad, así que adopté dos gatos que son como mis hijos y a los que me gusta ver cuando regreso a casa. Con la necesidad de salir adelante por mi cuenta, decidí buscar trabajo. Pero nadie quería contratarme por mi edad, así que utilice mi habilidad para manejar y me volví taxista. No es fácil trabajar entre tantos hombres, hay veces que me dicen que me vaya a cuidar niños o que me dedique al hogar. En primera, no tengo hijos y en segundo, estoy sola. Es muy satisfactorio escuchar a algunos pasajeros decirme que les da gusto ver a una mujer manejando un taxi porque a veces los hombres son muy avorazados cuando manejan y siempre nos echan la culpa de sus accidentes. He llegado a casa de Óscar, no se que hubiera hecho sin la ayuda de él y mi amiga Gisela.

Basado en una plática que tuve con una mujer taxista en la ciudad de Querétaro en noviembre del 2015.

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