Cumpleaños (Ficción)

Lo despertó la luz del sol que traspasaba con facilidad las delgadas cortinas blancas y el frío. Un rayo le pegaba de lleno en la cara, seguramente ya pasaba de mediodía y lo peor era que aún estaba bastante borracho. Rodó de un lado para el otro y se envolvió en la manta que justo el día anterior había comprado, pero no era suficiente para mantenerlo caliente y no pudo encontrar tampoco algún punto cómodo. Comenzó a sentir insoportable la ropa de fiesta que aún llevaba puesta, el pantalón le apretaba, el cuello de la camisa lo asfixiaba y los zapatos lo lastimaban. Al parecer nadie más se había despertado todavía, ¿eso era pastel de chocolate en el techo? Una rebanada del pastel de chocolate amargo de la noche anterior estaba peligrosamente pegada al techo sobre su cabeza, la ignoró. ¿Debería dormir un poco más aprovechando que nadie parecía haberse despertado o se levantaba a orinar? Sabía que si se levantaba difícilmente volvería a conciliar el sueño, así era él. Antes de que pudiera decidir algo recibió un pastelazo de chocolate en la cara, ¡maldita sea! con una mano lo quitó de sus ojos, todavía estaba bueno y al probarlo descubrió que moría de hambre y sed. Deseó que el pastelazo no fuera un augurio de cómo sería su vida ahora con treinta años, se limpió el resto de chocolate en las sabanas blancas y caminó al baño, por suerte se había quedado dormido en la única habitación con baño propio.

Orinó con una mano sobre la pared (porque todo se movía en su cabeza) no muy seguro de haber atinado completamente, pero se lavó las manos. En el espejo había un beso ¿Quién lo habría dejado? Esa ni siquiera era su habitación, de hecho ni su casa (por cierto la fiesta de la noche anterior tampoco era para él). Qué raro. Sin embargo, ese día sí que era su cumpleaños, estaba seguro que el beso era para él.

Esta ficción es la versión extendida 2 de ésta.

Sueño de invierno

Le parecía bellísima: la navidad realmente le sentaba bien. Llevaba uno de los espantosos suéters de colores rojo, verde y blanco que la abuela cocía para los nietos cada año, aunque él sabía que ella los amaba. Tenía el cabello recogido en una media coleta sujeta con un listón rojo y el fleco le caía suavemente en la frente.

La mesa estaba esplendida y la comida deliciosa. Todos se habían puesto elegantes para cenar, pero nadie brillaba como ella, que en ese momento reía mientras Rickard le pasaba el puré de papas.

¿Qué clase de nombre era ese? Había escuchado Richard, pero Rickard nunca. Le sonaba como a nombre de príncipe europeo y eso le chocaba todavía más. No era difícil imaginar las razones por las que lo había elegido a él. Era atractivo, educado, al parecer había viajado por más de medio mundo, tenía acento inglés y manejaba el protocolo de los cubiertos con tanta naturalidad como respirar.

Pensándolo bien el suéter no era espantoso, tenía como una onda retro cool, o tal vez era el poder que ella ejercía sobre él, y no se refería al suéter.

Esta cena continuará… y terminará a golpes.

EL ASESINO DEL BOSQUE

El día que me encontré con el asesino fue un día particularmente normal, hasta que una serie de eventos desafortunados me llevó a estar cara a cara con la bestia.

Mis compañeros de oficina organizaban la salida semanal a algún bar cercano, un ritual que llevaban a cabo cada semana y era mejor cuando pagaban, como hoy. Este viernes se volvería, como muchos otros, en un pequeño festival lleno de alcohol y amores de una noche. Sabía que muchos de ellos trabajarían al día siguiente, pero preferían aventurarse y llegar con una cruda que duraría hasta pasado el medio día que perder una noche de viernes en su casa.

El primer cambio que noté ese día fue mi inesperada ansiedad por querer participar. Llevaba apenas un mes trabajando para la empresa y hasta ese momento me había mantenido distanciado de mis compañeros, además no había recibido una invitación formal.  Mi inexistente habilidad para socializar me mantenía como espectador, viviendo la vida a través de las vidas de los demás.

Fue Isabel.

Mientras los demás continuaban con su plática ella se acercó a mí. Ella sería la culpable de los hechos siguientes. Mientras bailaba en mi dirección con ese caminar grácil miré sus ojos, sus labios y bajé la mirada a sus senos. Recuperé la cordura cuando estuvo tan cerca que continuar viendo su pecho parecía obvio.

-No aceptaré un no como respuesta- dijo con fuerza hipnótica después de la breve charla que sostuvimos en donde me invitaba a acompañarla al bar.

No tuve opción.

Tan pronto dieron las 3, abandoné el trabajo junto con el resto sin saber que nunca más volvería a ver ese lugar, sin saber que me deparaba un destino fatal.

El bar escogido era pequeño, escandaloso y caluroso.  El mesero que nos atendió parecía que conocía a la perfección al grupo, saludó a cada uno por su nombre y preguntó por el nuevo integrante, yo.

-Lucas, llegó hace un mes a trabajar con nosotros- respondió Samuel, un hombre de 30 años que velaba por los intereses de todos lo integrantes del grupo como un padre que vela por la familia. Ellos eran su familia.

-Bienvenido- respondió el mesero – ¿me permites ver tu identificación?-

Todos rieron, incluso yo.

-No creerás que es menor de edad ¿o sí?-  respondió Mariel, la esposa de Samuel.

-Tengo 24- respondí.

-Esta bien, les creo- dijo el mesero dejando evidente que no nos creía.

Mientras la tarde se convertía en noche podía sentir como la deshidratación se hacía presente en parte por el agobiante calor y por los litros de cerveza que había consumido. La situación comenzó a salirse de control. El alcohol sonrojaba las mejillas y desinhibía a los comensales.  Después de tres horas se inauguró el karaoke y nada lo acompaña mejor que el tequila. Uno tras otro fueron cantando y tomando cada vez más.

Alcohol.

Música.

La falta de melodía de algunos.

Sus labios

sobre los míos su pelo en mi rostro y recuerdo su risa como una melodía mejor que las que obstinadamente repetían pues parece que el repertorio era escaso y no podía ver más lejos que los ojos verdes que tenia frente a mí los ojos de la mujer que me llevó ahí y que me pidió que le quitara la ropa hasta quedar desnuda sobre mi moviendo su cadera sobre la mía en el pequeño cuarto que encontramos vacío en la casa que no nos pertenecía a donde nos había llevado cuando la estancia en el bar se había tornado aburrida porque siempre se aburren de estar ahí pero no de repetir la misma rutina todas las semanas porque creen que así rompen la monotonía de su gris realidad y fue ahí cuando lo vi por primera vez entrando con el cuchillo en alto hundiéndolo en el cuerpo de la mujer rubia cubriendo con su mano sus labios rojos para que no gritara y alertara a los demás y yo sólo corrí como cobarde pues no podía ver como se escapaba la vida de la  mujer que amaba corrí y corrí y salí por la puerta principal y no sé si alguien me vio y que habrían hecho de verme y como es que nadie vio que un asesino había entrado a su casa para tomar la vida de una persona y ahora me perseguía podía sentir como venía por mi cuando salí del lugar salió justo detrás de mi y nadie lo detuvo porque les dio miedo o nadie se imaginó lo que pasaba corrí al bosque cerca del lugar donde Isabel moría me metí hasta que sentí que lo había perdido y caminé mucho tiempo por el lugar hasta que encontré un par de muchachos que fumaban escondidos en un árbol y les pedí que me compartieran y se burlaron de que estaba desnudo pero no me importo porque me sentía a salvo ahí con ellos y comenzaron a besarse y uno me empezó a tocar y me beso y lo besé y lo comencé a tocar porque él quería que lo hiciera y sentí su miembro caliente en mi mano y su mano fría en mi miembro que no dejaba de pensar en Isabel y la sangre que derramo y sus ojos llenos de miedo y su vida alejándose  y sentí el calor del liquido blanco del otro hombre en mi mano y seguía besándome pero yo ya no quería porque sabía que no podía hacer lo que el y el cigarro que el otro fumaba mientras nos veía se había consumido y sacó otro de su bolsa y me dio a fumar porque sabía que lo necesitaba para relajarme y esta vez fue su turno de tocarme y de hacer que lo tocara y estaba  más grande que el anterior y otra vez vino a mi mente los pechos grandes de Isabel que bailaban cuando se movía encima de mi  haciendo ruido que intentaba ser bajo pero que era muy fuerte aunque le pedí que callara no me hizo caso  porque ella siempre hacía lo que quería y el hombre introdujo mi miembro en su boca como lo había hecho Isabel antes pero sus labios no eran suaves como los de ella y ella jugaba porque sabía como hacerlo porque le gustaba hacérselo a los de la oficina ella me dijo y después de jugar con su boca se puso encima de mí y metió mi miembro en ella y comenzó a saltar y quité al hombre porque no me gustaba y me recordaba a ella que había sangrado y no quiso para y seguía hincado enfrente de mi y el otro reía y se paró y me obligaba a que me hincara enfrente de él y yo no quería y él me salvo con una piedra le pegó en la cabeza y el hombre cayo y sangró como Isabel pero no sangro tan hermosamente como ella y el otro hombre corrió y yo corrí porque había visto a la bestia ya dos veces y no quería que le dijera a nadie y me persiguió por el bosque porque quería que yo también sangrara como Isabel y como el hombre y seguí corriendo y la niebla me cubrió y pensé que lo había perdido pero sentía que estaba todavía cerca por eso corrí más y más hasta que no supe donde estaba él y donde estaba yo y el agua apareció bajo mis pies y era fría y me incliné a limpiar mi cara y vi la sangre en mis manos en mi pecho y en mi cara y vi mi reflejo en el agua vi a la bestia al asesino que se llevó a mi amada Isabel y al otro hombre que también me amó por un tiempo me vi a mi mismo convertido en una bestia y lloré.

El destino transmutado (Relato)

Basado en una historia real

Dicen que cuando uno se opera la nariz, su destino cambia. Eso es lo que dicen, pero quien sabe si sea cierto. Una de mis preocupaciones era principalmente el dolor. No el dolor durante la cirugía, porque obviamente me ponen anestesia, sino el dolor que viene después en la recuperación. La idea de poder respirar mejor era algo que me animaba a hacerlo. Que me entrara la cantidad de oxígeno que normalmente debe entrar y que mis pulmones lo agradecieran.
No sé si el destino ya estaba escrito, no sé lo que iba a pasar. Lo que sí sé y que estoy seguro, es que el destino no está escrito y que cada uno lo va definiendo de acuerdo a las acciones que hace, se opere la nariz o no. Eso da igual.
A veces no entiendo porqué la gente es tan supersticiosa y cree que porque se les cruzó un gato negro frente a ellos, que porque pasaron por debajo de una escalera, que porque un espejo se les rompió o que abrieron un paraguas dentro de la casa, les va a traer mala suerte. Yo varias veces he pasado caminando por debajo de escaleras en la calle, he abierto paraguas adentro de una casa y de manera involuntaria se me han aparecido gatos negros, y no creo que me vaya a pasar algo malo. Sea como sea, cada quien sabe en qué creer y eso se respeta porque de una u otra forma el destino siempre cambia.

FIN

 

 

Pizza para dos (ficción)

Estaba sentado esperando a que llegaran, tanto la pizza como ella. Nos conocimos una década atrás cuando estudiabamos juntos en la universidad y nos dimos cuenta que nuestros gustos eran similares, aunque en las pizzas no del todo, porque siempre pedíamos mitad y mitad. Cada quien escogía su favorita y era casi como un ritual, inclusive cuando íbamos al cine a ver el estreno del viernes pedíamos las palomitas mitad caramelo y mitad mantequilla. Yo a veces me emocionaba poniéndole salsa a las de mantequilla y terminaba por hacer que el cartón se aguadara. Por cierto, si mi abuelita me viera haciendo eso me daría todo un discurso acerca de la gastritis y de paso mencionaría que le diera una leidita al manual de Carreño.

Habían transcurrido algunos meses desde la última vez que nos vimos en su departamento. En aquella ocasión había pasado la noche con ella, acostados en la cama acompañados de la oscuridad mientras platicabamos del futuro. Ese futuro que a veces era muy incierto y que no estaba del todo escrito. Desde que tengo memoria nos hemos contado tanto las buenas como las malas noticias. Los trabajos, las crisis existenciales, las dudas, los corazones rotos, los consejos, etc. Habíamos platicado prácticamente de todo y nos conocíamos muy bien. Tenía mucha emoción de verla, porque a pesar de que no nos habíamos visto en mucho tiempo, siempre que nos veíamos era como si el tiempo no hubiera pasado.

Repasaba una y otra vez lo que estaba a punto de decirle, no sabía cómo lo iba a tomar y por eso había escogido acompañarlo de pizza. El timbre sonó y me dirigí a la puerta, podía ser cualquiera de las dos. Abrí rápidamente y el olor delató quién había llegado primero. Obviamente iba a llegar primero el de la pizza, sino es gratis. Le pagué, le di su buena propina porque la verdad ganan una miseria y se fue. Puse la caja en la mesa y me senté a esperar, la próxima llegada iba a ser la de ella.

El timbre sonó nuevamente 15 minutos después y abrí la puerta. El tiempo no había pasado y era como si nos hubieramos visto ayer. Ambos sonreímos de oreja a oreja y abrimos los brazos.

FIN

La Boda del Martes 28 (Microrrelato)

Por @arturtavera

Basado en una historia real

Mis manos comenzaban a temblar mientras seguía grabando la boda, habían pasado 15 minutos desde que había comenzado y el oficial civil de repente hacía alguna que otra broma con respecto al matrimonio, lo cual convertía la boda civil en toda una experiencia merecedora de ser tachada de una bucket list. Mis dedos comenzaban a resbalarse, pero se mantenían aferrados para ser cómplices de aquel evento especial de mis amigos y que debía ser recordado para la posteridad, tanto en la mente como en la memoria Micro SD de mi smartphone. Llegó el momento en que tomaron sus manos, se dijeron unos votos que les tomaron de imprevisto porque no los habían preparado y finalmente firmaron y se besaron. No aventamos arroz, pero si mucha felicidad y nuestros mejores deseos para el nuevo matrimonio. Llegando a la casa tendré que descargar el video porque casi se llenó mi celular.

Microficción.

@jncarl0s

Lo despertó un rayo de Sol en la cara, aún estaba un poco borracho. ¿Cómo llegó ese pedazo de pastel al techo? ¿Dormir un poco más o levantarse a orinar? Antes de que pudiera decidir recibió un pastelazo de chocolate en la cara, ¡maldita sea! con una mano lo quitó de sus ojos, aún estaba bueno.

En el espejo del baño había un beso ¿Quién lo habría dejado?

FIN.

Despiértame cuando te hayas dormido (ficción)

Su cabello es demasiado negro comparado con el mío. Al tener contacto con el Sol no se hace más claro, al contrario, es más evidente lo oscuro que es y uno puede asegurar que no lo heredó de sus padres. Seguramente fue por parte de sus abuelos, al igual que esos ojos verdes que me intrigan cada vez que los veo. ¿Qué fue lo primero que miró al nacer?, ¿qué guardan en su memoria? y ¿qué es lo último que verán?
Cuando nos conocimos y comenzamos a salir no dejaban de temblarle las manos, bastó con que un día pusiera mis manos sobre las suyas para que sintiera mi calor, mi amor y mi aceptación. Dicen que una persona debe amar a la otra con todo y sus defectos, y eso fue exactamente lo que hice. Ama los míos y yo amo los suyos, a pesar de que continuamente exprese su molestia cuando dejo mi ropa sucia tirada a un lado de nuestra cama.
No recuerdo muy bien cuál fue nuestra primera canción que bailamos juntos, seguramente fue una que estaba de moda en aquél entonces, espero que no haya sido reggaeton porque sería una lástima que le mintiera a los demás cuando nos pregunten, lo bueno es que nunca…un momento….¡fue la de “I Like It” de Enrique Iglesias con Pitbull! No es reggaeton pero definitivamente debo mentir, uno esperaría que fuera una canción especial, no sé, quizás algo más lento y romántico y no una canción en donde solamente brincamos como locos. Espera un momento, voy a servirme una taza de café.

¡He regresado! como te iba platicando de nuestra canción, creo que tendré que decir que fue algo así como algún tema de John Legend o mínimo alguna canción viejita como “Careless Whisper”. Quizás la de Enrique Iglesias forme parte del repertorio de música en nuestra boda, claro que cuando suene, ambos sabremos su significado y es muy probable que demostremos nuestros mejores pasos de baile. Prometo que al menos trataré de mover la cadera con ritmo, inclusive creo que mi cabeza se mueve con más ritmo y ese baile de robot a veces me saca de apuros. ¡No me había dado cuenta de la hora! Es casi media noche y este café no me quitó el sueño. Seguramente te estoy aburriendo con mis historias y te estás muriendo de sueño. Creo que es momento de despedirnos. Adiós cómplice y cuídate mucho. Mañana seguimos platicando.

*Finalizar sesión*

*Cerrar ventana*

*Apagar Equipo*

¿Seguro que quieres apagar el ordenador?

Si no haces nada, la computadora se apagará automáticamente en 50 segundos.

– Entonces despiértame cuando te hayas dormido.

 

El Instante (ficción)

Por @arturtavera

– ¿Entonces vas a verla mañana? – preguntó ella con voz burlona.

– No lo sé, no estoy tan convencido – contestó él, mientras prendía el cigarro que tenía entre los labios. Ella puso los ojos en blanco y cruzó los brazos, ya que esperaba una respuesta mejor.

– ¿Ahora cuál es el pretexto para no hacerlo?

Él aspiró unos segundos el humo del cigarro mentolado, cerró los ojos un momento y la miró directamente a los ojos para que viera que no estaba mintiendo.- No hay ningún pretexto, voy con una condición – le hizo un guiño con el ojo derecho.

– ¿Cuál?- preguntó ella mientras brincaba de la emoción con las manos entrelazadas y pegadas al pecho.

– Que me acompañes, esa es la única condición.

– Sabes que siempre te voy a acompañar, somos mejores amigos y estamos en las buenas y en las malas. Siempre. Por cierto, ¿qué hora es? Ya es muy tarde y me tengo que ir. – dijo preocupada mientras se acercaba hacia él en ese balcón donde se habían contado sus más oscuros secretos. – Aunque antes de irme necesito ver que te tomes tu medicina o te voy a estar fregando hasta que lo hagas.

– Está bien señorita, déjeme ir por un vaso con agua – respondió él mientras giraba y se dirigía hacia la cocina. Sacó un vaso de vidrio y lo llenó de agua mientras la veía parada de espaldas. Le gustó ese momento, así que sacó su celular del bolsillo izquierdo de su pantalón y le tomó una foto que prometió enseñársela después. Regresó al balcón y se paró junto a ella.

– Aquí están tus tic tac – ella extendió la mano y dejó caer en la palma de él unas pastillas.

Él cerró el puño y la miró directamente a los ojos. – ¡No quiero que te vayas! – comenzó a sentir un dolor en el pecho y varias lágrimas comenzaron a resbalar por su rostro.

– Sabes que me tengo que ir, tu lo sabes. Pero nos vemos mañana.

– ¿No te puedes quedar un rato más? – preguntó el desconsolado y con la voz entrecortada, mientras se secaba las lágrimas.

– No, me tengo que ir. ¡Anda, tómate ya tu medicina!

Él abrió el puño, vio las pastillas y rápidamente las metió en su boca mientras cerraba los ojos. Tomó toda el agua del vaso de vidrio. Abrió los ojos y vio que ella ya no estaba, se había ido. Pero sabía que mañana la vería nuevamente.

 

Horchata (Relato)

Por Artur.

Después de caminar por un buen rato, era necesario tomar un descanso. Recordé que había una cafetería que me gusta mucho cerca de ahí, a pesar de que yo no soy un chico de café, sino más bien de té, es lo bueno de esos lugares en los que tienen una gran variedad de bebidas para ofrecer.

Entré al establecimiento y jalé la puerta, porque así lo decía la calcomanía pegada en el vidrio. Vi varias mesas negras de madera que estaban siendo utilizadas por diversas personas, desde los millenials y hipsters hasta las señoras pirruris y los señores que tienen su periódico abierto entre las manos. Me acerqué a la caja para leer el menú, no sabía que elegir, aunque al final me fui por la decisión más fácil, «lo de siempre». Elegí una horchata caliente para calmar esa tos que llevaba ya por varias semanas, le di mi nombre al cajero, pagué y esperé a que pronunciaran mi nombre para ir por la magnífica bebida.  Después de casi dos minutos, escuché mi nombre provenir de los labios de un extraño, me acerqué a la barra y tomé mi bebida. Había una mesa desocupada, pero no quería tener que compartirla con una silla vacía, ya que no quería imaginar quien podría estar ahí en un universo paralelo.

Me fui directo a la sección de los forever alone, es decir, la barra con los bancos, ahí podría estar solo con mi soledad y un montón de extraños a mi lado. Me senté en el banco de un brinco. Mis pies colgaban de él, ya que no tengo una gran estatura, aunque si fuera al sur de México podría ser considerado alto. Nunca he tenido problema con mi estatura, o bueno, quizas si, al elegir los pantalones correctos. Sentado ahí en la barra vacía y de espaldas hacia la gente dentro de la cafetería, me puse a observar a través del cristal a la gente que iba caminando sobre la calle. Habían muchas personas caminando rapidamente y en diferentes sentidos. Casi todas iban vestidas de la misma manera, muy formales. ¿Por qué caminaban tan rápido? ¿Porque la vida es muy corta y hay que aprovecharla al máximo? Bebí un sorbo de mi horchata y miré hacia el lado derecho y ahí fue cuando los vi.

Una pareja se encontraba caminando muy lento tomada de la mano, sobresalían entre la multitud que fluía como el agua en el mar, rápido y fuerte como una ola. La pareja iba sonriendo y riendo. Comencé a sentir un poco de envidia porque eso era algo que yo quería y no tenía. Bebí y bebí de la horchata para llenar ese estómago en el que habían mariposas revoloteando, ese líquido me iba a ayudar a ahogarlas y no sentir nada, ya no quería sentir y necesitaba que esos sentimientos se esfumaran por completo. La pareja se perdió de vista y yo comencé a sentir el vaso más ligero. Bebí el último sorbo pensando en las malas elecciones que había hecho en el amor y que quizás el problema era que lo había buscado en los sitios equivocados.

Bajé del banco de un brinco, caminé directo hacia la salida y arrojé el vaso en el bote de basura. Me acerqué a la puerta para salir y la empujé, porque eso era lo que decía la calcomanía. Salí del establecimiento y me quedé parado, sumergido en mis pensamientos mientras la puerta se cerraba detrás de mi. Ese era mi problema, no me gustaba romper las reglas, las calcomanías de la puerta me habían ayudado a entenderlo. ¿Por qué no empujarla en lugar de jalarla o viceversa? ¿Tenía miedo de que la puerta se enojara conmigo por hacerlo mal? ¿Por qué pedir siempre lo mismo? ¿Por qué no atreverme a pedir otra cosa? ¿Por qué irme por lo fácil? ¿Por qué quería ahogar las mariposas y no sentir nada? ¿Por qué era tan negativo en el amor? ¿Yo atraía lo negativo? ¿Tenía algún tipo de patrón que seguía al elegir a las personas con las cuales salía? ¿Acaso es tan difícil encontrar a la persona correcta o que la persona correcta nos encuentre? ¡Pinche horchata ¿qué fue lo que le echaron?!

Caminé sin sentido y vi a la pareja otra vez. Una mariposa comenzaba a salir de su capullo dentro de mi estómago. Me queda claro, es imposible huir del amor.

 

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