PLAYLIST: «Pride 2019»

¡Celebra el PRIDE con nuestra playlist!

En esta playlist creada por las 3 personas de 20, 30 y 40 años que colaboraron en el post SER GAY, encontrarás de todo un poco para celebrar el PRIDE 2019. Desde Amanda Miguel, Gloria Trevi y Mecano hasta Taylor Swift, Ariana Grande y Kylie Minogue.

DJ, start the music!

#PRIDE

SER GAY por personas de 20, 30 y 40 años

Con motivo del PRIDE, tres personas de diferentes décadas comparten cómo fue que se dieron cuenta que son gais.

El de 20

No puedo decir que siempre me consideré diferente, para mí lo único diferente que tenía de los otros niños es que ellos jugaban fútbol y yo prefería leer. El concepto de gay me fue difícil de aceptar. Crecí con la imagen del gay estereotipado que se mostraba en las películas, el hombre amanerado, artístico y fashionista, algo que no sentía que iba conmigo.

Aprendí que me gustaban los hombres en secundaria. Recién había salido la cuarta película de Harry Potter y, mientras mis compañeros hablaban de Hermione con el vestido rosa, yo no dejaba de pensar en ESA escena de Harry en la bañera. Por mucho tiempo tuve miedo a aceptarlo y lo rechacé hasta la universidad. Una vez ahí me encontré con varios hombres gais que no encajaban con el estereotipo que mostraban.

Dejé de tenerle miedo al que dirán y me enfoqué en ser yo de la manera más yo posible. Entendí que ser gay no es encajar en un estereotipo sino amar a quien quieres y ser y compartir la felicidad que eso ocasiona.

El de 30

Desde pequeño siempre supe que no era un niño como todos los demás. Me encantaban las espadas, las armaduras de Los Caballeros del Zodiaco y los carritos, pero también las muñecas. Al grado de que a los seis años le pedí a Santa un Ken y me lo trajo. Para mi mala suerte, a una de mis primas le trajo el mismo y esa navidad varios familiares me juzgaron por tener un juguete de niña.

El momento que definió y en el que supe que no era igual al resto de mis amigos y compañeros de la escuela, fue cuando comenzó a gustarme un niño de otro salón durante la primaria. Para mi lo “normal” era que a un niño le gustara una niña y viceversa, llegando a pensar que tenía algo malo. Me juntaba con niños en su mayoría, y el verlos que tenían novia ejercía una gran presión en mí porque no compartía ese mismo interés. Era tal mi preocupación de no entender lo que me pasaba que recurrí a mi mamá y le conté. Ella me dijo que yo no tenía nada malo y que en la naturaleza había también niños a los que les gustaban otros niños y niñas a las que les gustaban otras niñas, y que cuando fuera más grande lo iba entender mejor, y así fue. Dejé de juntarme con niños por la incomodidad de ser cuestionado del porqué no tenía novia y comencé a tener más amigas, continuando así por varios años hasta que dejé de darle importancia al asunto de la novia.

Cuando supe que Santa eran los papás, comprendí que mi mamá no me había reprimido desde antes de que le dijera, ella ya sabía que yo tenía gustos diferentes. Al ir creciendo conocí gente que era igual a mí, yo no era el único al que le gustaban los hombres. Eso me hizo sentirme parte de un grupo porque sabía que no estaba solo y teníamos que lidiar con las burlas o comentarios  negativos de alguno que otro compañero de la escuela.

Actualmente varios miembros de mi familia saben que soy gay, inclusive cuando le dije a mi abuelo su consejo fue que dejara que se me resbalaran todas las ofensas y eso es lo que hago, aunque a veces es difícil y llegan afectar un poco pero me recuerdo a mí mismo que lo que otra gente piense de mí no es mi problema.

El de 40

¿Cómo fue la primera vez que me di cuenta que era gay? Eso es complicado de explicar, considerando que soy un hombre de 40 años y cuando era niño esos términos no se usaban. Podías escuchar en tono de burla «pareces niña» o «te gustan los niños» y ya en plan rudo llamarte «maricón». Pero incluso esas palabras no tenían mucho sentido, en especial la última porque mi papá la usaba mucho cuando veía un partido de fútbol, manejaba o incluso cuando hablaba acerca de que su jefe no le había dado un permiso. Entonces asumí que era una forma de decir que eras débil, cobarde, injusto, malo, tonto, diferente; y en lo diferente, ahí sí podía encajar porque no me gustaba el fútbol, tampoco pelearme o ensuciarme; me gustaba bailar, quería una Barbie y un hornito de juguete, y esto sí sabía que me hacía distinto a otros niños, pero aún así yo no era niña ¿o sí? o ¿qué diablos era?

Hoy puedo entenderlo mejor, soy un hombre al que le gustan los hombres ¡y ya! eso es todo, porque aún sigue sin gustarme el futból, ensuciarme o pelear, igual que a muchos otros hombres. Me sigue gustando bailar y cocinar en un horno real y coleccionar muñecas, incluso ahora sé que a los hombres también les gustan las Barbies, pero de carne y hueso, jajaja.

Es complicado que aún ahora no encajo del todo en ciertas etiquetas de ser gay, como cuando me mandan mensajes preguntando mi opinión sobre unos zapatos de mujer, un vestido, maquillaje o peinado, y no tengo ni idea porque nunca he usado, o sea, claro que tengo opinión y sentido común pero, ¿acaso los demás no lo tienen? en especial las mujeres, entonces, tal vez no soy gay, o lo que los demás quieren que sea un gay, yo sólo sé que soy un hombre adulto de 40 años haciendo, amando y respetando lo que le gusta y lo que quiere, tal como me enseñaron en casa, en la escuela e incluso en la iglesia. Y que, además, estoy casado con otro hombre.

#PRIDE 

 

 

Piel a Piel (Ficción PRIDE 2018)

Por Vivian Halliwell

Escribo el mensaje y dudo si deba enviarlo. Presiono el botón y aguardo. No sé si esto que hago es correcto, no sé porque lo hago, solo sé que quiero verlo y abrazarlo.

Me responde: Ya salgo.

Propio, formal e impecable como siempre sale a recibirme, me estrecha la mano y me acerca a su cuerpo para abrazarme. Su aroma es delicioso. Me dirige una sonrisa una vez que se aparta. Me deja abrumado.

-Por favor, entra- me dice.

Caminamos por un pasillo corto cercado por arbustos y entramos a un comedor rústico y exquisitamente decorado. La larga mesa de madera, los estantes perfectamente acomodados, las paredes de un brillante color turquesa y del techo cuelgan unas esferas que proporcionan la luz.

-Que hermoso- digo en voz baja.

-Gracias, lo decoré yo mismo-

-No sabía que también hacías diseño de interiores-

-Hago de todo un poco, uno tiene que ganarse la vida- me responde.

Me acerco a él y le doy un beso. El contacto de sus labios con los míos me electrifica. Me toma de la cintura y reduce más el espacio entre los dos. Un ladrido interrumpe el momento.

-Lo olvidé, te quiero presentar a mis perros- me dice señalando la puerta detrás de él. Se acerca a ella y la abre. Entra uno – Ella es Cami-

-Es hermosa- y de verdad lo es -¿Qué raza me dijiste que eran?-

-Pastor australiano- me contesta acariciando a Cami – Acércate para que se conozcan-

Me acerco lentamente a ellos y estiro mi mano una vez que estoy suficientemente cerca. Para mi sorpresa Cami es bastante sociable y acepta que la toque. Unos segundos después él la suelta y ella se acerca a donde estoy y se acuesta para que continúe acariciándola.

-¿Quieres algo de beber?- me ofrece.

-Agua está bien, hace mucho calor afuera- respondo sin despegar mi vista de Cami.

-Con tanto calor no deberías traer una camisa tan caliente- me dice desde la cocina.

-¿Qué te hace pensar que es caliente?-

-El material es muy grueso-

-Es mi camisa favorita- respondo.

-Te puedo prestar una más ligera en lo que estás aquí- me propone.

-No es necesario, gracias-

-Es hora de que Cami vuelva a su lugar- la toma en sus brazos y la lleva al patio.

-¿Qué estabas haciendo?- lo interrogo.

-Trabajando en un proyecto que entrego mañana-

-¿No te interrumpo?-

-Tú nunca- se acerca a mí y me besa- Vamos al cuarto-.

Estamos abrazados en la cama. Admiro su pecho y brazos fuertes y él acaricia mi pelo. Nos dejamos llevar. Perdimos el control y fuimos uno.

-Sentirte piel a piel es algo maravilloso- dice mientras desliza su mano por mi hombro.

-Besarte es algo maravilloso- me acerco y lo beso.

-¿Tus papás saben dónde estás?-

-Me matan si se enteran- y es cierto.

-¿Qué les dijiste?- parece sorprendido.

-Qué saldría con amigos-

-¿Lo haces muy seguido?-

-¿Salir con amigos?-

-No, mentirles-

-No, casi nunca les miento- sólo cuando lo considero muy necesario.

-¿Saben que eres gay?- me sigue acariciando mientras habla.

-No, no les he querido decir-

-¿Son muy conservadores?-

-Sí, prefiero no meterme en problemas-

-Bastante prudente de tu parte- guarda silencio.

-¿Tus papás saben?-

-Mi papá-

-¿Qué te dijo?-

-Que me aceptaba y me pidió que me cuidara-

-¿Y a tu mamá por qué no le has dicho?-

-Falleció cuando tenía 18 años-

-¡Oh! Lo siento- siento como me sonroja mi imprudencia.

-No te preocupes, fue mucho tiempo atrás-

-¿Cómo te sientes?-

-Bien, tenía problemas del corazón, cuando la recuerdo la visualizo enferma-

-¿Qué clase de problemas?-

-Desde pequeña tuvo algo, no sé exactamente qué. Ella nació en un pueblo donde el acceso a los servicios básicos era escaso y, por supuesto, el acceso a la salud era inexistente. Cuando crece se muda a la ciudad con mi papá y nos tienen a mis hermanos y a mí. Durante sus embarazos se dieron cuenta de que tenía esto en el corazón pero no pudieron hacer mucho. Vivió para verme convertir en adulto- mientras cuenta la historia lo observo directo a los ojos y detecto una chispa de dolor.

-Lamento haber preguntado- me siento muy apenado.

-No lo sientas, es bueno hablar de estas cosas- me dirige una sonrisa.

-¿Te llevas bien con tus hermanos?-

-Con mi hermana sí, con mi hermano casi no hablo- hace una pausa- Tal vez sea momento que te diga algo- se queda callado como buscando las palabras adecuadas- me voy a ir a Canadá con mi hermana un mes-

-¿Cuándo?- la noticia me cayó como balde con agua fría.

-En una semana- se aparta de mí cuando habla- temía decírtelo.-

-Gracias por decirme- me acerco por su espalda y lo enredo en mis brazos.

-¿Quieres algo de comer?- cambia el tema.

-Claro-

La comida es deliciosa. La tarde comienza a oscurecer. La tenue luz le da al comedor un toque mágico.

-¿Así que también cocinas?- le digo.

-Ya te dije, hago de todo un poco-

-¿Por qué decidiste estudiar publicidad?- decido hacer la pregunta que se me viene a la mente.

-Inicialmente estudié comunicación- me contesta entre bocados- pero no me gustó mucho así que me salí y empecé a estudiar publicidad-

-¿Eso te gustó más?-

-Creo que siempre fue lo que quise- continua comiendo -¿Tú por qué estudiaste medicina?-

-No me veía haciendo otra cosa-

-Esa es una razón muy mala- ríe.

-Lo sé- medito un momento mi respuesta- Creo que la respuesta que muchas personas dan es que quieren ayudar a las personas. Una idea de ser un superhéroe tal vez.-

-¿Quieres salvar a todos?-

-No, no se puede salvar a todos-

-¿Entonces qué es lo que te mantiene ahí?-

-Me gusta entender el cuerpo, la enfermedad, sus posibles resultados y cómo tratarla, pero sobre todo, me gusta entender a las personas.-

-Eso es bastante lindo-

Los perros comienzan a ladrar en el patio, se puede escuchar como corren de un lado a otro.

-¿Llegó alguien?- me estresa pensarlo.

-Tal vez en la casa de a lado-

-¿Quién vive en la casa de a lado?-

-Mis suegros- lo menciona despreocupado.

Había olvidado ese detalle.

-Vamos, métete a bañar conmigo- me pide.

Puedo escuchar el agua cayendo en la bañera y el vapor empieza a escapar. Me quito la ropa interior y entro.

-Qué bueno que aceptas- me da un beso en la frente.

-¿Estás seguro que nadie va a llegar?- externo mi preocupación.

-No, tranquilo, tal vez más al rato-

El silencio nos invade por un momento. Me comienzo a bañar.

-¿Cuánto llevas con él?- Necesito saber eso.

-Siete años-

-¿Y desde hace cuánto tienen una relación abierta?-

-Dos años-

-¿Alguna vez te ha visto con alguien más?-

-No-

-¿Lo has visto con alguien más?-

-Sí- sus respuestas son rápidas.

-¿Lo amas mucho?-

-Sí, pero no significa que no te pueda querer a ti- veo en sus ojos sinceridad al decir estas palabras – quiero dejar en claro que no lo voy a dejar-

-Está bien, me lo has dicho antes-

-Yo ya no voy a conocer a alguien, pero tú sí-

-Sí, en algún momento- me duele un poco pensarlo.

-¿Qué va a pasar cuando conozcas a alguien?-

-Te lo diré-

-¿Te alejarás?-

-Un poco. Podríamos ser amigos-

-¿Crees que podamos?-

-No lo sé, espero que sí- de verdad espero que sí.

-Yo también-

-Estás perfecto para una foto en ese lugar- me dice mirándome.

-Debería irme de una vez-

-Déjame tomarte una foto-

-Está bien, sólo una-

Va al cuarto y regresa con su cámara. La enfoca, apunta y dispara. Una foto.

-Es maravillosa- dice mientras la observa.

-Ya debería irme-

-Está bien, te acompaño-

-¿Te veré antes de que te vayas?- le pregunto mientras termina de vestirse.

-Claro, nos vemos en la semana-

-Nos ponemos de acuerdo por mensaje-

-Me parece perfecto- termina de ponerse los pantalones, se acerca a mí y me besa delicadamente –te voy a extrañar-

-Y yo a ti- lo haré.

-Gracias por esta tarde maravillosa-

-Gracias por invitarme- le acaricio el pelo.

Nos dirigimos a la entrada principal de la casa tomados de la mano. Afuera ya está oscuro.

-Me avisas cuando llegues a casa- me hace prometer.

-Lo haré- me despido de él con un abrazo.

Mientras me alejo caminando volteo y él sigue observándome, me dirige una sonrisa y me manda un beso. La noche ha terminado.

No quiero dormir solo (ficción)

Por @joshtaverita

No quiero dormir solo y a veces pienso que no hay remedio. No quiero despertar solo y creo que así será. 

El sonido de la lluvia, un cigarro y de fondo el ruido de la música electrónica eran mis acompañantes. Salí a disfrutar de mi vicio después de un par de tragos. Llevaba ya un tiempo abandonado en el lugar, los canallas a los cuales llamaba amigos me habían abandonado para compartir noche y cama con algún desconocido a pesar de que habíamos acordado permanecer juntos, pero no hay nada que hacer cuando la testosterona inunda la cabeza. Quería desde ese momento abandonar el lugar y dirigirme a mi solitaria habitación, pero la torrencial lluvia me impedía llegar a mi automóvil e incluso si lograba pasar a través de ella, la intensidad de las gotas me impediría avanzar por la ciudad.

Así que me encuentro solo, decepcionado y con frío.

Una pareja se unió a mi vicio, embriagados de alcohol y de amor que dura menos que el efecto del licor. Uno de ellos me pidió fuego, el cual le concedí dejando clara mi incomodidad con una mueca. Pareció no notarlo. Mi cigarro y mi paciencia se agotaron en el momento en que los besos se intensificaron y la mano de ella se perdía dentro del pantalón de él. La lluvia sería mejor amiga que este par de enamorados que olvidaron su pudor en la barra del bar. Para el momento que iba a avanzar el primer botón de la camisa de la mujer y un paraguas encima de mí se habían abierto. La sonrisa detrás de semejante amabilidad tenía además cara y cuerpo.

Hasta ese momento no lo había notado, lo cual demostraba la poca atención que prestaba a mi entorno, pues era poco probable que alguien de semejante estatura pasara desapercibido. Con el humo saliendo de su boca y mi mirada esforzándose por mirar algo más, me tomó del brazo y me acercó a él.

– Será difícil caminar entre la lluvia sin cubrirte, además no traes un abrigo que te proteja del frío, te puedes enfermar- traté de despejar mi mente para poder captar lo que me había dicho.

– Traigo un suéter en mi coche, no pensé que fuera a llover- alcancé a contestar.

– ¿Bromeas? Ha llovido toda la semana y el reporte del clima predijo lluvia fuerte por la tarde y por si eso no fuera suficiente, todo el día ha estado nublado- rió y mi molestia se mezcló con ansiedad. ¿Se estaba burlando de mí? Que arrogante hombre.

Sin decir nada me di la vuelta para internarme en la lluvia y una vez más tomó mi brazo y me atrajo cerca de él.

– Lo lamento- dijo – No quise ofender –

– No hay problema-

– Déjame acompañarte al coche-

– Estoy bien, no es necesario –

– Por favor- Y sus ojos me hicieron aceptar.

Caminamos por la primera cuadra en completo silencio. Estábamos muy cerca el uno del otro, el paraguas era muy pequeño para dos personas. El frío empezaba a generar temblor en mi cuerpo, el cual trataba de ocultar sin éxito. Al dar la vuelta en la segunda cuadra, mi acompañante pasó su brazo sobre mi hombro y me acercó a su calor. No dijo nada, mantuvo su seriedad y su vista al frente.

– No sé ni tu nombre – lo único que sabía es que era demasiado amable o posiblemente un asesino que engaña a sus víctimas con gestos gentiles. Empecé a generar un plan de escape.

– Christian- y ya. No preguntó el mío.

Continuamos en silencio hasta que visualicé mi automóvil, resaltaba por su llamativo color rojo.

– Ya es aquí. Gracias-

– Un placer-

– Andrés. Mi nombre es Andrés- claro, dale más información al asesino.

– Un placer Andrés – y dio la vuelta.

– ¿Cómo te irás?- ¿qué estás haciendo? No se te ocurra ofrecerte a llevarlo.

– Metro-

– ¿A esta hora?-

– Cierra a las 12-

– ¿Quieres que te lleve?- ¡pendejo!

– No es necesario, gracias- realmente esperaba que dijera que sí -pasa una buena noche- y se marchó.

Permanecí mojándome en la lluvia por unos segundos y después de entrar al coche, me mantuve viendo las gotas chocar contra el parabrisas por lo que pareció horas.

Arranqué y avancé lentamente por las calles hacia mi casa. Debía tener precaución extra por la lluvia y porque mi mente aún estaba concentrada en su sonrisa. Tres cuadras bastaron para verlo otra vez, aún caminando por la lluvia pero esta vez sin el refugio del paraguas. Me orillé unos metros adelante y bajé la ventanilla del copiloto.

– Te llevo al metro- grité demasiado fuerte.

– Está a unas cuadras-

– Me toca refugiarte de la lluvia- ¡que estupidez estás diciendo!

Lo pensó. ¡Lo pensó!

– Está bien- definitivamente si esto fuera una película criminal ya estaría muy muerto.

Se subió al coche demasiado pequeño para su estatura y se pasó la mano por el pelo desaliñado por la lluvia, salpicando pequeñas gotas en mi cara. Empezamos a avanzar.

– ¿Por qué estabas en el bar solo?- me preguntó. ¡Habló!

– Fui con unos amigos a la marcha y al bar después, pero me abandonaron porque encontraron otros amigos-

Silencio otra vez.

– ¿Por qué estabas tú solo?-

– Mis amigos se fueron con alguien más –

– Esa es mi historia- dije molesto ¿acaso se estaba burlando de mi?

– Eso no impide que también sea mi historia-

Silencio.

– ¿Y tu asombroso artefacto para cubrirte de la lluvia?- rió un poco con mi comentario.

– Se vió dañado con el viento-

Definitivamente este hombre no hablaba mucho.

No puedo con él.

El metro estaba enfrente de nosotros.

– Que pases buena noche- dijo y salió.

¡Eso fue todo! Lo vi bajando las escaleras hacia el subterráneo y mi ánimo se hundió también. Apagué el motor. No puedo. Bajé la cabeza y en el asiento vi un celular, su celular. Al alzar la cabeza lo vi regresar.

Esto me va a volver loco.

Abrió la puerta del conductor y se entró de nuevo al calor.

– Lo lamento- se disculpó – olvidé el celular y el metro al parecer está cerrado por la lluvia. Tendré que pedir un taxi.

– ¿Vives muy lejos?-

– Por la condesa- ¡perfecto me queda de paso!

– Te llevo- y sin esperar respuesta arranqué.

– ¿No te desvío mucho?-

– No, me queda de paso- y vas a la madriguera del lobo. Soy más pendejo que el hombre que escucha ruidos afuera de su casa y sale desarmado a ver si no es un ladrón.

En la condesa los bares ardían, el orgullo se celebraba en cada esquina que había. Me dirigió por las calles hacia su casa, en varias ocasiones emitió algunos comentarios sobre la gente que veía.

-¿Alguna vez has ido a la marcha?-pregunté.

– Cuando iba en la universidad. Mi mejor amiga me llevó. Quedé fascinado y asustado por los colores, el ambiente y la música. De entre la muchedumbre, un hombre que evidentemente había notado mi miedo me tomó de la mano y caminó conmigo durante todo el viaje. Esa noche fuimos a un bar y pasé la madrugada en su casa. Después de eso no volví a saber nada de él. A veces voy al bar al que me llevó ese día con la esperanza de volverlo a ver y darle las gracias por otorgarme la confianza que necesitaba para demostrar mi orgullo. Nunca lo he vuelto a ver.- al contar su historia me di cuenta de que era un hombre con sentimientos más intensos de los que demostraba. Definitivamente no era un criminal. – Mi casa es en la siguiente esquina- dijo y orillé el auto – Muchas gracias por traerme-

– ¿Hoy fuiste al bar a buscarlo?- pregunté antes de que bajara.

– Sí-

– ¿Y lo viste?-

– Sí, a lo lejos platicaba con un hombre mucho más joven que él –

– ¿Te acercaste a hablarle?-

– No, durante mucho tiempo pensé que verlo me haría sentir fuerte y seguro y hoy que por fin lo vi no sentí nada. Tal vez deba empezar a buscar esa fuerza y seguridad en mi y no en alguien más –

– Espero la encuentres- no supe que más decir.

– Buenas noches- salió del coche y por un momento pensé que de mi vida. Empezaba a aceptar la idea de que nunca más volvería a verlo cuando por imposible que pareciera, la lluvia empezó a incrementar de intensidad y un golpe en la ventana me sacó del ensueño.

– La lluvia se vuelve peor ¿por qué no te quedas esta noche? Puede ser peligroso que manejes- con su sonrisa de oreja a oreja me convenció.

El edificio era viejo pero bonito, amplio y frío. Sentía que mis huesos se congelaban.

– Vivo en el sexto piso y no hay elevador- me advirtió.

Al llegar al quinto piso, la opresión en mi pecho me impedía avanzar. Había vomitado un pulmón hacía dos pisos y hace uno mis piernas suplicaban piedad. No tenía condición para esto ni para nada, en parte era por la falta de actividad física y en parte por el consumo de 5 cigarros diarios desde los 16 años. ¡Maldito tabaquismo!

Llegué a su apartamento casi arrastrando. Traté de disimular mi cansancio pero mi respiración de perro me delató.

-¿Quieres un vaso de agua?- dijo en un tono burlón.

– Por favor- contesté entrecortado.

Su departamento era sencillo. Una sala pequeña con un televisor grande, una cocina donde apenas cabía él y un par de muebles, un comedor para dos y un cuarto para dormir.

– Bonita pantalla- realmente era demasiado llamativa por su tamaño.

– Se ve mejor el fútbol en una pantalla grande –

– ¿A qué equipo le vas?-

– Chivas-

– ¿Feliz por el campeonato?-

– Hace mucho mi equipo no me hacía tan feliz-

Traté de pensar que más decir pero mis conocimientos en la materia eran limitados.

– No eres fan del fútbol ¿cierto?-

– Sé un poco, mi papá y hermano son muy futboleros-

– Déjame traerte ropa seca- dijo mientras me ofrecía el vaso de agua.

Se internó en su habitación dejando la puerta abierta, se quitó la camisa dejando ver un tatuaje de mandala y unas cuantas cicatrices en su espalda. Una historia para otra ocasión. Regresó y me ofreció una playera y un pantalón secos. Me permitió pasar a su baño a cambiarme. El reflejo del espejo reveló el caos que había dejado la lluvia. Me arreglé lo más que pude y regresé con él. Lo encontré acomodando el sillón para dormir.

– Yo dormiré aquí, te ofrezco mi cama para que descanses – me sorprendió.

– No, yo me quedo en el sillón. No hay problema-

– Ve a dormir- dijo acercándose a mi y me dio un beso en la frente.

– No quiero dormir solo –

– ¿Por qué?-

¿Por qué?

Querría decirle que desde los quince años me sentía solo y que este sentimiento sólo había incrementado en los siguientes 10 años. Quería decirle que esta noche me sentí abandonado, triste y olvidado y que ésto cambió cuando él se ofreció a acompañarme. Quería decirle que sabía que él también se sentía solo, que él comprendía como me sentía. Quería decirle que con él no me sentía tan mal.

– Es tu cama- fue lo que dije.

– Yo te la ofrezco, es descortés que no aceptes- se recostó en el sillón – Buenas noches –

Me fui a la cama. El sueño me abandonó y sólo di vueltas en el colchón por algunas horas. Trataba de asimilar todo lo que había pasado cuando él entró a la habitación, se acostó a lado de mi bajo las sábanas y me abrazó atrayéndome a su calor.

-No quiero dormir solo – dijo y dejé que el sueño me inundara.

Los disturbios de Stonewall

La diversidad sexual alrededor del mundo ya tiene una mayor aceptación en la actualidad en comparación a décadas pasadas (aunque en nuestro país parece que va en slow motion), en las que la comunidad LGBTTTIQ sufría mucha discriminación y maltrato. Uno de los acontecimientos más importantes en la lucha por los mismos derechos e igualdad, ocurrió el 28 de junio de 1969 y es conocido como Los Disturbios de Stonewall. Este conflicto se llevó a cabo entre policías de Nueva York y un grupo de gays, lesbianas, travestis, drag queens y transgénero, el cual ocasionó las protestas masivas por una aceptación a su orientación sexual y un mayor entendimiento de ésta. Lo ocurrido en Stonewall originó  que al año siguiente se conmemorara el aniversario de  los disturbios con marchas de Orgullo Gay en Nueva York y Los Ángeles, y es por eso que cada año en el mes de junio se realizan marchas en muchas partes del mundo para recordar lo ocurido en Stonewall. #Pride

stonewall

En Estados Unidos eran muy común las redadas en los bares gays, donde la policía arrestaba a la personas homosexuales bajo cargos de indecencia como besarse, tomarse de la mano, llevar puesta ropa del sexo opuesto, hacerse ojitos, escuchar a Yuri y Amanda Miguel…puras justificaciones muy absurdas. A mediados de la década de los 60’s, estas redadas fueron menos frecuentes debido al surgimiento del Movimiento Homófilo, que pretendía la aceptación de los homosexuales y alejar esa imagen negativa y estereotipada del homosexual promiscuo relacionado con la prostitución y el chantaje; y a sociedades como la Mattachine Society, siendo la primera que luchaba por los derechos de los homosexuales.

El Stonewall Inn era un bar propiedad de la mafia en el barrio de Greenwich Village en la ciudad de Nueva York. Este era frecuentado en su mayoría por hispanos, negros, gays, lesbianas, transexuales y drag queens. A pesar de que las redadas ya no pasaban mucho, Nueva York se encontraba en campañas para la alcaldía y John Lindsay, el republicano que se estaba postulando iba perdiendo; así que éste ordenó una limpieza de la ciudad, incluyendo los bares, y fue así como ocurrieron los famosos disturbios de Stonewall.

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Todo ocurrió aproximadamente  poco después de la 01:20 de la madrugada del sábado 28 de junio de 1969, cuando 8 oficiales de la policía (sólo uno uniformado) irrumpieron en el bar y les comunicaron a los clientes que iban a detener a las personas que no tuvieran identificación, que vistieran ropa del sexo opuesto y a algunos o todos los empleados.

Los oficiales cerraron las puertas del Stonewall Inn hasta que las personas que ahí se encontraban decidieran qué iban a hacer para solucionar lo que estaba pasando. Una manera de arreglarse era con el ya conocido «gayola», en el que tenían que darles su «moche» (dinero) a los policías para no ser detenidos, tanto los clientes como los dueños de establecimientos gays. Después de 15 minutos, la policía anunció que iba a dejar salir a los que tuvieran identificación e iba a arrestar a los que no la tuvieran y a los travestis.

Lo que nadie sabía es que la voz ya se había corrido por el barrio sobre lo que estaba pasando en el bar y alrededor de 400 personas se reunieron afuera del establecimiento. El factor que detonó el conflicto fue cuando tres travestis fueron subidas a una patrulla y una de ellas logró escapar pero fue alcanzada y golpeada por un policía. Esto elevó el descontento de la gente y comenzaron a insultar a los policías y lanzarles monedas, en referencia a «gayola».

Las monedas se terminaron y fueron sustituidas por objetos como botellas, latas, piedras, etc. Los policías reingresaron al local y comenzaron a golpear a los clientes que aún quedaban dentro. Los que estaban afuera rompieron las ventanas y lograron entrar al Stonewall Inn. El inspector Pine, el que tenía el cargo más alto de ese grupito de polis, pensaba ordenar disparar a la muchedumbre, cuando de repente escuchó las patrullas que indicaban que llegaban los refuerzos, entre los que se encontraba la Unidad de Operaciones Tácticas, un escuadrón antimotines de control formado originalmente para contrarrestar a los manifestantes contra la guerra de Vietnam.

El objetivo de estos era calmar a la muchedumbre pero no lo logró, ya que esta logró mantenerse unida en todo momento. Los disturbios se fueron calmando y al final algunos fueron detenidos y varios resultaron heridos. Al final fueron 2,000 manifestantes los que se enfrentaron a 400 policías en una lucha por sus derechos y para detener los abusos debido a su orientación sexual.

StonewallInn002Este hecho histórico sucedió en una época en la que había muchos movimientos sociales activos como el Movimiento Afroamericano por los Derechos Civiles y el Movimiento Hippie. Es por esta razón que surgieron las manifestaciones en busca de una aceptación y entendimiento de la comunidad LGBT, que ahora ya es LGBTTTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero, intersexuales y queer).

Existe una película llamada «Stonewall», estrenada en el 2015 y la cual trata sobre los disturbios de esa noche. Ahora ya saben por qué se realizan las marchas gay cada año, no sólo se trata que algunos muestren sus abs y usen ropa de cuero sintético (aunque puede que sí porque no conozcan realmente el suceso histórico) sino que se busca una mayor aceptación de las diferentes orientaciones sexuales. #LoveWins #LoveIsLove

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